LA CIUDAD Y SUS VICIOS: LA CONSPIRACIÓN DE LA ARQUITECTURA DIFUSA

A.MARTÍ: Hace unos años hubo una gran controversia en Sagunto respecto al proyecto de rehabilitación de su teatro Romano realizado por los arquitectos Giorgio Grassi y Manuel Portaceli. Su proyecto se basaba en el argumento documentado de que el 80% de las ruinas existentes no eran romanas, si no el resultado de diversas modificaciones realizadas a lo largo de los siglos. Su propuesta fue rehabilitarlo y dejarlo como había sido en el siglo I d.C. para poder ser utilizado por el pueblo de Sagunto. El problema vino cuando los ciudadanos criticaron amargamente la intervención haciendo hincapié en que el nuevo proyecto cubría un lugar en el que tenían la ilusión de un antiguo teatro romano . Aquellas piedras tenían un valor sentimental para alguien. No sabemos quién. La ciudad de Stavanger, Noruega, en la que he vivido desde el año 2008 sufre de la misma depresión generada por este sentimiento de nostalgia de un pasado más noble que el presente. Las calles de su centro urbano están pavimentadas con adoquines estilo Vía Apia Romana y eso da la sensación de vivir en un lugar antiguo. Nadie menciona que este pavimento fue colocado a finales de la segunda mitad del siglo XX donde antes había asfalto y tierra. No se habla de los grandes problemas que este pavimento implica frente a la accesibilidad, etc. Estos problemas son menores frente a la melancolía. Mientras esto sucede pasamos de puntillas frente a la Arquitectura feroz que ha transformado nuestras ciudades y las ha ordenado urbanísticamente a través de una retícula en todas las direcciones. Retícula que genera una tipología de bloques anónimos que no obedecen a ninguna razón histórica, ni tipológica y que bien podían estar en Valencia como en París, Oslo, Roma o Sedaví. Es el Estilo Universal mal entendido por Rem Koolhaas que se ha asentado. Este que no genera Ciudad sino barrios anónimos delimitados por autopistas a las que llamamos avenidas sin otra

jerarquía que la subordinación al capitalismo feroz.  Por que, pregúntese usted mismo ¿A qué zona iría en Valencia si tuviera un solo día? ¿Y en París, Stavanger o Roma? Es muy probable que usted fuera al casco urbano diferencial y único y no a los barrios periféricos que sospechosamente se parecen mucho entre ellos mismos y donde la calle ha desaparecido y se ha convertido en el espacio residual entre diferentes propiedades. La vida que sucede en estas “calles” no ocurre debido a la arquitectura, si no a pesar de ella. No es lo mismo el barrio de Beniferri que El Carmen. No. En el norte de la ciudad de Valencia las alquerías y la huerta son un hito urbano por si mismo, que funcionan como un espacio paisajístico intrínsecamente valenciano. Estas están siendo amenazadas. En su lugar, la propuesta que acabará fagocitándolas son los bloques de ladrillo y hormigón que definen el margen norte de la ciudad como un muro. Pero seremos felices por que mantendrán un par de alquerías en pie y las reconvertirán en el museo de la huerta. Eso si, estarán rodeadas por bloques de mas de quince pisos que les darán sombra todo el año y que nos recordarán con melancolía que antes vivíamos así, pero ya no podemos. Nos dicen. Las voces disidentes son silenciadas y a pocos les importa realmente ya la ciudad en la que vivimos. Sin embargo es habitual escuchar protestas airadas cuando alguien hace algo interesante como en Sagunto. Esta C o n j u ra de l o s N e c io s se está convirtiendo en normal hoy en día. El falso amor a un pasado remoto, idealizado y falso como argumento falaz para destruir el presente. Al igual que Sagunto y Stavanger, Valencia se arriesga a convertirse en una parodia de sí misma donde todo se esta volviendo peligrosamente difuso. Quizá, algún día, volveremos a mirar hacia nuestra ciudad y no encontraremos nada que nos recuerde qué es una calle, mas allá de un centro comercial. g @amartiworld

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