Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
(Miguel Hernández)
Como recordando una profecía vino a mi mente a la velocidad de un rayo (que en mi caso cesa por falta de talento) esta letra, que al final del franquismo, mi generación inculta y mal informada, conoció más por Serrat, que por amor al verso. La imagen de un niño sacado de entre los escombros, un útero de piedra y polvoriento, con gesto desconcertado del que vuelve a ver la luz de manera dócil, del que nada pide ni nada entiende de lo que está pasando, pero con la vida en la mirada. Así sacaron los informativos al futuro de Haití. Un país podrido por décadas de esclavismo gabacho, cruel y degenerado. Seres humanos tratados como mercancía, carne de yugo, espaldas abiertas por el látigo, soportando la cristiana religión de sus verdugos. A tiro de piedra del Imperio actual. Imperio implacable que sólo se pasea por tierras de Centro-América y el Caribe con botas militares, Coca-Cola y un ramillete de dictadores, de paso marcial y gafas oscuras. Gafas necesarias en el kit del dictador, para que los rayos del sol no les conviertan en polvo, como vampiros que son. Haití de mujeres y niños hermosos y violables, baratos, pobres. Soportando la cristiana religión de sus dólares. Haití es Macumba, es miseria, pero también es futuro, tabla rasa. Pero el Dios de amor, ese Jesús de Nazaret, símbolo de paz entre los hombres, en el que yo creo; el mismo que les fue escondido y tergiversado, tiene todavía mucho que decir. Haití tiene raíces de esclavitud. No les dijimos (los creyentes) que el mayor don donado a los hombres es el de la libertad. Don, que a los haitianos les fue arrancado en los pasados siglos. Pero ahí está la Libertad, representada en los brazos maternales de un bombero sacando el cuerpo de un niño con los ojos abiertos a la esperanza; ella, pone una mirada en las cuencas vacías de la pobreza y el terremoto. Ese niño es el futuro, ese niño es la esperanza, ese niño es el símbolo de la vida que vuelve a comenzar. Fuerza y ánimo para Haití. Una oración ferviente por un nuevo tiempo que termine con la opresión y el atropello, por un amanecer de nuevas perspectivas, y con una fe luminosa, cristiana y fraterna entre sus gentes. Dios bendiga Haití.
Lola Sánchez (València)
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