Tanto nuestros socios de la zona euro como los inversores internacionales desconfían de la política económica española. Tal es así que el pasado 4 de febrero el IBEX-35 se derrumbaba en caída libre distanciándose de las pérdidas, más moderadas, del resto de las plazas europeas.
¿Qué está ocurriendo?
1 - No hace mucho pasábamos de una eufemística desaceleración al reconocimiento de una crisis negada hasta la saciedad mientras otros países adoptaban medidas para afrontarla.
2 - El número de parados ha rebasado la, hasta hace bien poco, impensable cifra de los cuatro millones.
3 - El reciente pensionazo (incluido el globo sonda de computar las pensiones sobre la cotización de los últimos 25 años en lugar de 15, noticia desmentida por el gobierno pocas después de hacerla pública) tiene en ascuas a los trabajadores que han cotizado, y cotizan, religiosamente.
Y mientras tanto:
1 - Los sindicatos (que ahora empiezan a reaccionar y amenazan con una huelga general) han guardado un incomprensible silencio mientras sus 300.000 liberados (datos de 2009) cuestan al contribuyente 5.000 millones de euros más otros 4.000 destinados a cubrir sus puestos de trabajo.
2 - La banca sigue declarando ampulosos beneficios (el Banco de Santander ha declarado 8.943 millones de euros de rendimiento durante 2009) al tiempo que recibe ayudas de las arcas estatales mientras miles de pequeñas empresas se ven abocadas al cierre.
3 - La oposición se empecina en rentabilizar electoralmente un desolador panorama del que el Gobierno no tiene más culpa que su tardanza en adoptar medidas correctoras, la irreflexiva improvisación de las mismas y, en resumen, su ineptitud para gestionar la crisis mientras Zapatero flota en una utópica y feliz burbuja ajeno a la realidad que le rodea.
Los incuestionables logros sociales que han hecho de España, tal vez, en el país más moderno de nuestro entorno (para indignación de los sectores más conservadores) no han servido para que el Gobierno merezca un miserable aprobado a su gestión cuando va ya por su segunda legislatura.
Tampoco la alternativa que nos aguarda cuando el PP tome las riendas de la situación (que las tomará y en breve) resulta alentadora. Si nos atenemos a los nefastos resultados de los populares en las Comunidades Autónomas donde gobiernan (valga como ejemplo el casi medio millón de parados con que la Comunitat Valenciana despidió 2009) y a la crisis interna de un partido tan huérfano de líder como deteriorado por la corrupción (léase Gürtel) y las luchas fraticidas.
Confiemos que la oración que el laico Zapatero escogió para su intervención en el Desayuno Nacional de la Oración (celebrado por los cristianos conservadores en Washington casi al mismo tiempo que la bolsa española se hundía) sea escuchada por el Altísimo.
¡Que Él se apiade de nosotros!
Alberto Soler Montagud (València)
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