No entendía que hacia allí, rodeado de cámaras, periodistas y autoridades supuestamente respetables. Al lado de todos ellos se sentía insignificante, instrumentalizado; le pesaba el maquillaje que disimulaba todas sus arrugas y le daba color a su cara cansada. Tampoco tendría un papel relevante, sólo el de comparsa, con el pequeño agradecimiento que le habían escrito.
El representante del Gobierno comenzó su discurso, para él era un triunfo haber puesto en práctica aquella ley tan polémica y este acto representaba el éxito de la misma.
Pensó en como había cambiado el panorama político del país. El gobierno social demócrata que lanzó la idea, le allanó el camino al siguiente de derechas; este puso en marcha una batería de medidas antisociales. Con la excusa de ser la única manera de salir de la crisis; abarato el despido, rebajo los sueldos a la clase trabajadora, estableció contratos indecentes, etc.. Sospechosamente algunas Comunidades Autónomas que antes parecían aturdidas empezaron a moverse y comenzaron a crear empleo.
También tenía a su lado al representante del capital, uno de los banqueros más influyentes del país, (su padre consiguió una prejubilación de escándalo a los 50 años).
En su alocución alegó que la medida había contribuido al relanzamiento del mercado, y ahora si, se conseguían prestamos fácilmente.
Meditó sobre sus palabras y recordó que con su sueldo exiguo, nunca llegaba a fin de mes y, que entre hipotecas, prestamos y comisiones, encontraba lógicos los grandes patrimonios amasados por los banqueros.
Le llego el turno al pte de la patronal, un famoso empresario, con su estilo feudal era capaz de despedir sin piedad, y así conseguir contratos más rentables.
Reflexionó, habían quedado pocos como el, con un trabajo físico y mental diario aguantando la presión del que se siente explotado, sin perspectivas, ni alicientes, siempre recibiendo ordenes. Había acumulado un montón de achaques estoicamente, a sus 67 años. Lo habían elegido a el por sorteo y pensó que esta era su oportunidad.
Se acercó al atril, rompió el papel que llevaba y dijo:
—Lamentablemente muchos de mis amigos y compañeros no han podido llegar al sueño de la jubilación, pero gracias a ellos y a todo lo que cotizaron durante toda su existencia, toda esta pandilla de cínicos puede gozar de una gran vida, desgraciadamente existen muchos trabajos que son imposibles de realizar a tan avanzada edad, es hora de que me quite el maquillaje.
Se saco su dentadura postiza y ágil como una gacela, se abalanzó sobre el político y se la clavó en todo el morro. El revuelo entre los asistentes se hizo de inmediato, pero sin tiempo a reaccionar observaron atónitos como se quito la faja de tres varillas, a la que llevaba atada una goma elástica y dándole 4 vueltas al representante de la patronal lo dejo inmóvil y con la boca abierta, lo cual fue perfecto para endiñarle vía oral todas sus pastillas; las del infarto, la artrosis y de regalo unos cuantos antidepresivos. Finalmente cuando el banquero se le abalanzó se quitó la pierna ortopédica y con el impulso de un campeón de halterofilia le golpeo en todas sus partes nobles.
Sabía que acabaría en la cárcel juzgado por un juez de 80 años, pero se quedó más a gusto que un trabajador con un boleto de primitiva premiado.
José Vicente Navarro
|