Esta vez la policía local no nos vendrá con las rebajas, quizás pueda parecer que éramos pocos y según se mire, quizás, pero yo diría que bastantes para los tiempos de inmovilismo que corren. Se llenó el Auditorio de la Casa de la Cultura de Burjasot, era el homenaje a aquellos ausentes y presentes que vieron su vida rota por el fatídico accidente de la línea 1 del metro, el 3 de julio de 2006, que segó 43 vidas y lesionó emocionalmente a muchísimas más. Difícil el consuelo para los afectados, espero que el acto del viernes les aportase al menos la esperanza de que no vamos a olvidarles. La revisión de los datos de la asociación sobre distintas circunstancias del accidente y su liquidación por parte del gobierno de turno pone los pelos de punta (www.homenajealasvictimasdelmetro.es). Eso sí, a los cuatro días todos comulgando a la sombra del Papa, bueno y algunos enriqueciéndose a costa de ello de manera fraudulenta, presuntamente. La patente de corso de que ha hecho gala el PP sobre todo por estas tierras va a ser su propia mortaja política, como le paso a Aznar y su coro de mentirosos con la guerra de Irak y el 11-M. Los mil de Burjasot éramos algo más que un grupo de personas, somos emoción y pensamiento, expresado en las palabras de todos los que pudieron hablar entre la platea y el escenario, público, oradores y artistas, incluso de muchos que no estaban presentes. El recuerdo de Ovidi por Paco Muñoz me hizo pensar en la importancia del gesto. Imaginé a Rubianes con un remix de sus “Tapas” a cuenta de Gurtel, el Papa, los trajes de Milano, la Copa del América, la F-1, C9…
La conciencia tranquila de quienes pudieron tener responsabilidad política o judicial en aquellos días del accidente no se tambalearía el viernes por la noche, posiblemente, pero no me cabe la menor duda de que hay una pesada losa sobre todo buen cristiano que se precie de tener conciencia y que no se desprenderá de ella mientras nosotros no olvidemos. Porque mirar hacia otro lado no entierra la verdad y puede ser el gesto más cobarde de un ser humano. Se habla mucho estos días de que se está poniendo en tela de juicio a las instituciones del poder judicial y del respeto que se les debe como pilares de nuestro sistema democrático. Que no nos confundan, son ellos mismos, los responsables de la judicatura los que se están poniendo a caldo. Los ciudadanos de a pie temblamos ante el espectáculo de jueces y políticos y somos víctimas de tanta confusión aventada además por los medios, pero hemos aprendido que entre la legalidad y los procedimientos judiciales están las reglas del juego, pero que ello no supone la verdad y la honestidad siempre.
Alberto Navarro (València)
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