Todas las campanas de la ciudad de Valencia están tocando a rebato. El president Camps, mediante una proclama hilarante y delirante transmitida por Canal 9 (y previo corte de la señal de TV3), ha urgido desesperadamente la ayuda y el socorro de sus conciudadanos. La horda roja ha puesto cerco al Palau de la Generalitat. Los sitiadores no exhiben más armas y bagajes que un código penal en edición de bolsillo, convenientemente copiado en una multicopista. Y claman a voz en cuello: “Camps, dimisión; Camps, dimisión”. El molt honorable, en un arranque de dignidad grotescamente caricaturesco, se ha despojado de todos sus trajes (no se tiene constancia de que fueran los mismos que le regaló El Bigotes) y se ha arropado solamente con la senyera. El pendón lo esgrime como vara de mando. Y se ha asomado varias veces al balcón: impertérrito, desafiante, altivo. Un Paco sin miedo de cuento chino. Al verlo, el populacho congregado a sus pies ha dado un sonoro respingo. Pero, luego, ¡uf!, ha suspirado de alivio al confirmarse la noticia de que no era una lira lo que blandía Camps en la otra mano. Ya se veían todos pasto de las llamas, puesto que nadie dudaba de que el president fuera capaz de emular a aquel emperador que incendió Roma cantando una oda al ritmo desafinado de su instrumento de cuerda. Bueno, me parece que Nerón nunca atribuyó su desgracia profesional a una conspiración político-judicial-policial-lunática (en alusión al diputado socialista Luna). Todos los miembros del Consell y los barones populares hacen piña con su líder iluminado (con bombillas de bajo consumo intelectual). El conseller Cotino se ofrece a reclutar a todos los internos de las agraciadas residencias de ancianos de sus familiares y transformarlos en un inexpugnable bastión. Ricardo Costa ”Ric”, tan querido en los desguaces de coches, sorprende al comité de guerra cuando asegura que tiene una brillante idea. “Pero sólo su envoltorio —matiza—, que aún me queda por pulir su contenido”. El inefable Fabra se gana una cerrada ovación al proponer utilizar los oceánicos legajos de sus causas judiciales que atestan los juzgados de Castellón como compactas trincheras en derredor del Palau. La portavoz del Govern hace un somero resumen de un telegrama de apoyo muy especial: Aznar dice que no ha conseguido reeditar la minicumbre de Las Azores, de modo que los marines no vendrán al rescate de Villar del Campo (perdón, del río… Turia), pero informa que el tejano Bush denunciará en la ONU —con las mismas veraces pruebas que sirvieron para desatar la invasión de Irak— el arsenal de armas de destrucción masiva en poder del contubernio judeo-masónico-catalanista que asedia inmisericordemente a Camps. Y en éstas que llega la invicta y laureada amazona Rita de Valencia, embutida en los mismos ropajes que lucía Agustina de Aragón cuando arreaba estopa a los gabachos, al frente del batallón de demolición que se había quedado parado en El Cabanyal, y…
Enrique S. Cardesín Fenoll (Torrent)
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