Luis Bárcenas, tesorero del PP, en el punto de mira del sumario del caso Gürtel (Foto: Turia).
UN CINTURÓN MÁS MARRÓN
COMO EN LA FÁBULA: EL PP, DESNUDO

Lo que comenzó siguiendo la pista de los tejemanejes de un tal Correa (o cinturón: Gúrtel, en alemán) acabó siendo más que un hilo: la correa conductora que tiró del ovillo de corruPPtelas del principal partido de la actual oposición al actual gobierno español, y otrora partido en el gobierno central, como gobierna actualmente en diversas CC.AA.: Valencia, Madrid, Castilla y León, Galicia. Los mecanismos han sido bien sencillos: gobierno que favorece a empresas de amiguetes en contrataciones públicas, y excluye a otras ingenuamente concursantes. Dichas empresas favorecidas facturan con sobrecostes, y tales excedentes se reparten amigablemente entre sus titulares y las cajas “B” del PP. Negocio redondo: los sufridos contribuyentes financiamos así a ciegas, vía presupuesto público, su actividad política PParticular, y a sus acólitos pseudo-empresarios, pues no merece llamarse empresa aquella cuyo mayor riesgo es el de verse envuelta en tales affaires, al margen de la competencia.
Ahora, destapado el sumario, el partido que se autoproclamaba pocos años atrás “incompatible con la corrupción” resulta ser compatible con la mayor trama de corrupción política y económica en la historia reciente de España, y con movimientos de fondos de cuantía y alcance tales que deja al nivel de aficionados a los Filesa, Malesa, Roldán, etc., que tanto escandalizaron a la Brunete mediática en su momento, la misma que ahora minimiza la magnitud de la Gürtel, y arremete contra Garzón. Pero ante los hechos desvelados y los que aparecerán, es normal que también los dirigentes PoPulares anden desvelados: no duerman tranquilos. Esencialmente, pueden escenificar dos itinerarios alternativos: el más lógico para cualquier organización decente sería purgar responsabilidades, propiciar de arriba abajo y viceversa, dimisiones, caiga quien caiga, y regenerar definitivamente el partido. El electorado, especialmente ese “de centro” real se lo agradecería notoriamente, incluso daría una imagen más europea, de cierta modernidad, a la derecha española, y luego bastaría simplemente un cierto tiempo de actividad, errores del contrario y desmemoria, para recuperar los eventuales votos y credibilidad perdidas, como ocurrió a escala nacional tras la debacle psoecialista de los años 90. Pero es de temer que el itinerario por el que opten sea otro, el efectivamente abordado con la actitud de Rajoy y de la actual dirección PoPular: prietas las filas, negar la evidencia, apuntalar a los imputados con actos de masas, y cubrirse con afines jueces-puntales, y con la propaganda intoxicadora de sus vergonzantes medios públicos (RTVV, TeleMadrid…) para mantener la apariencia de que “es una trama contra el PP” (Rajoy dixit), más el populismo de sus arengas, propuestas y constantes pero eficaces victimismos, a lo que se aúna el lógico desgaste que una crisis sin precedentes como la actual —provocada por políticas de sus afines neocon—, ejerce sobre el gobierno central. Recuerda a los batasunos: se “lamenta”, pero no se condena el delito, y a los imputados, se les presenta como víctimas.
Su estrategia subyacente es antigua, ya representado en la famosa fábula del rey desnudo: a quien sus fieles vasallos admiraban un supuestamente lujoso pero inexistente traje confeccionado por charlatanes que aseguraban que sus muy valiosas telas sólo podían ser vistas por hijos legítimos de matrimonios honestos, con tal capacidad de convicción que nadie osó contradecirlos, hasta que un niño de corta edad, viendo al rey, voceó sin prejuicio lo que veía: “El rey está desnudo”, momento que sirvió para que las gentes asumieran lo que en realidad veían, y desmintieran definitivamente a los embaucadores, quienes se enriquecían a costa de aplicar un chantaje moral implícito, al cegar la convicción de sus paganas víctimas: sembraban una forzada apariencia de honorabilidad... Ahora el chantaje viene del hecho de sembrar un machacón odio a la izquierda, y con redoblado esfuerzo y culpabilización gratuita al presidente del gobierno central, a fin de cegar a la opinión pública a favor de “la alternativa real”, su PPartido, como si no gobernara ya en ciertas CC.AA. Igual les da, la consigna es admirar al rey vestido (trajeado) de honorabilidad, o a Rajoy, que ya proclama haber sido “contundente con la corrupción”. ¿Iban a dejar a que ahora Garzón proclamara como el niño de la fábula: “El PP está desnudo, es corrupto”? Ni pensarlo: a por él. Es la tradición de esta derecha. Esperanza: no se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. Aunque “el mundo” se implique en el engaño, jetas más amplias han caído.

ALFONS PUIG