Durante la última guerra civil española, y tras finalizarse, el bando vencedor, los sublevados contra el legítimo gobierno de la República, emplearon cínicamente la acusación de “sedición”, contra toda persona que se hubiera opuesto a la rebelión militar o que hubiera omitido su apoyo, y así fueron condenadas multitudes de inocentes. Es una vieja táctica: si alguien puede ser acusado de un delito, antepone una supuesta mayor acusación contra el contrario, y así intentará desviar la culpa: mera tergiversación de la realidad. Pero si se dispone de un inmenso aparato de propaganda masiva como ha sido la Iglesia católica y los distintos estamentos del “nuevo estado”, diseñados al estilo de las potencias del eje Roma-Berlín, co-inspìradoras del golpe y colaboradoras necesarias de su desenlace, el resultado parecería garantizado. Pero la historia es larga… de ofensas a la inteligencia.
¿Tienen algo en común con ello los recientes casos del encausamiento del juez Garzón, el Gürtel, o el expolio del Cabanyal, en Valencia? En esencia, dos elementos comunes: por un lado, la más rancia derecha está implicada como parte interesada, tanto como actora en la insurrección del 36, como ahora instigadora del encausamiento a Garzón (eufórico, el PP) para evitar poner las cosas en su sitio, incluyendo los restos mortales de los represaliados. En el Gürtel esa “panda de aprovechados a costa del PP” como los describe Rita, no son simples descuideros, sino beneficiados a dedo por la colaboración necesaria de políticos PoPulares con evidente contrapartida a costa de la ciudadanía; y en el caso del Cabanyal, vuelve a ser protagonista esa derecha insaciable que trata de amasar fortuna fácil mediante el fácil recurso al negocio del cemento masivo. Luego dirán que se promociona “la innovación y la competitividad en la Comunidad”… de amiguetes y familias pesebriles.
El otro elemento común es que en tales hechos está presente el factor de la contraofensiva como argumento funcional, subvirtiendo valores: a quienes defendieron la legalidad se les acusó de “sedición”, al juez Garzón se le acusa de prevaricación por querer abrir causa contra el genocidio franquista, en la lógica del derecho internacional (mal que le pese a la ley de amnistía de 1977, como a la ley de “punto final” en Argentina, ambas promulgadas bajo coacción involucionista…). Y ante el caso Gürtel, Álvarez-Cascos (ése que interpreta que “una marea de personas reclama su vuelta a la política”, ¿o son personas mareadas?) afirma, y el PP apoya, que las pruebas obtenidas son “falsificaciones de la policía de Rubalcaba”. En el Cabanyal, lo que objetivamente es un interesado expolio del patrimonio arquitectónico e histórico, se presenta como un “saneamiento”, y por intentar proteger el barrio se acusa al gobierno central de “ataque a la autonomía de los valencianos”, y al vecindario movilizado en la calle, de “okupas, antisistemas, y violentos”. Afortunadamente, aquí hubo reportaje gráfico y se vieron imágenes de los “violentos” con desmedida saña: los uniformados (ay, Peralta…). Y se sabe quiénes son los antisistema: los amiguetes implicados en la corrupción, vinculados a contratos constructores. Y los okupas: quienes ocupan cargos públicos en provecho privado, de lo que el sumario Gürtel desvela amplios detalles vinculados a contratos de la Generalitat, por mucho que sigan negándolo los implicados. Definitivamente, con estas actuaciones, Rita ha salido del armario: si algún bienpensante aún pretendía verla como una dama de alcurnia, tocada de cierto (rancio) abolengo, habrá quedado decepcionado, pues ha destapado sus bajos instintos y se ha revelado como lo que es: en género y peso más afín a tipos como Cotino, la garrita excavadora de los intereses de la construcción-destrucción del territorio en Valencia, e implacable en su ansiedad y política de hechos consumados. Pero otro factor de alcance, y preocupante, es que esta pueril táctica de la (contra)ofensiva genera una interesada mayor confusión entre la ciudadanía despistada, que es mucha, se la empuja así a la indiferencia favorecedora de la impunidad, y así se prepara el terreno al totalitarismo. ¿Alarmismo? Basta con mirar en el horizonte como posible espejo: hacia la península itálica, con el modelo Berlusconi y la Liga Norte al fondo... Ante tamaña alternativa, urge despertar conciencias y movilizarse también contra la manipulación en los media, y en favor de Garzón. Basta ya de ofensas a la inteligencia y a la historia.
ALFONS PUIG |