Vergüenza les tenía que dar, pero parece ser ajena a sus almas e incluso a sus cuerpos, y curiosamente se hallan ahora bien enfangados tres entes muy significados para la derecha española: la figura del Papa se ve hoy muy cuestionada (incluso teólogos españoles solicitan su dimisión) por sus silencios y omisiones en casos de pederastia entre el clero, y la Iglesia católica está desvelando crecientemente su carácter de secta con numerosos casos amagados y ahora denunciados, de perversión de menores. Lo de “dejad que los niños se acerquen a mí” ha habido demasiados clérigos que se lo tomaron con excesiva literalidad, y revelan así la nula inspiración divina en sus actos. Y se trata de una organización de masas, con una influencia social y política lamentablemente aún notable, pero el número de voces surgidas ya urbi et orbe en denuncia de los acosos eclesiales a menores no tiene precedentes. Tampoco los tiene, confirmando la inspiración más demoníaca que otra cosa, el lucro obtenido por los gürtelianos con motivo de la última visita papal a Valencia: “Encuentro de las familias” le llamaron cínicamente, con la idea fijada quizá en las sicilianas, calabresas y otras afines a “la cosa suya”. Lucro, no olvidemos, a costa del presupuesto público, ése que en Valencia se halla en flagrante y disparado déficit, y del que no se rinde cuentas más que diciendo, con premeditada obscenidad campsiana que “su gobierno es el más transparente de la historia de la democracia en Valencia” ante la demanda de las facturas concretas para demostrarlo.
Es significativo que Papa y PP se basen en la misma trampa psicológica para convencer a inmensos sectores de la ciudadanía: el efecto demostración, ese que impulsa a la gente a creer sin ver, simplemente porque tanta mentira dicha tan solemnemente, a grandes voces y tantas veces, no puede ser mentira. La misma táctica que está siguiendo Rajoy y los suyos, proclamar que las noticias y hechos que se revelan no lo son, lo cual en muchos casos, causará perplejidad: pero entonces lo sabido ¿no se ha sabido? Acogotar conciencias, es la consigna, y culpar a otros, con lo que el desconcierto parece garantizado, y ello daría tiempo para reponerse, a poco que la crisis dure y desgaste más al gobierno central, a quien llaman a odiar ciegamente y siempre hacen responsable de sus incompetencias, argumentando precisamente, o que “no cede competencias” (fondos a dilapidar) o que “invade sus competencias” (Orden de protección del Cabanyal). Ni gota de responsabilidad propia en nada de lo ocurrido: “unos aprovechados a costa del PP”. ¿Inocencia, ingenuidad? Pues si no saben controlar a quienes contratan allá donde gobiernan, cómo pretenden aspirar a gobernar el país entero... Y ello en el mejor de los casos, porque si se siguieran los pasos de ciertos cargos políticos de RTVV, la moral pública podría quedar a niveles bíblicos (Sodoma y Gomorra).
Como contrapartida, situación preocupante es el juicio-acoso contra Garzón, maniobra revanchista de la extrema derecha, de jueces resentidos, y sobre todo, del PP para “naseirizar” (cancelar) el caso Gürtel, por puro pinchazo: sin dar explicación alguna ni admitir responsabilidades, y evitar así coste político. Al fin y al cabo, es su forma tradicional de hacer negocios, a la española cañí.
Tercero en concordia: Díaz Ferrán, ése que ante le incipiente crisis financiera internacional sugirió un “paréntesis en la economía de mercado”(?) ejerce aún de presidente de la CEOE, pese a lo indecoroso de que tal cargo se halle en una situación concursal respecto a acreedores y empleados de sus empresas, pero la forma rastrera como el sujeto ha gestionado el caso, sus empresas (Air Comet, Seguros Mercurio, Viajes Marsans….), sus declaraciones ofensivas para la confianza del público, etc., que habrían precipitado su relevo en cualquier empresa o gobierno serios, y cada vez son más las voces que en el seno de la patronal advierten de lo inadecuado de mantener al personaje como su “cabeza visible”. Tan obvio como que hay que ser muy carpetovetónico para hacer como si no pasara nada, y seguir tragando. Parece, pues, que la patronal española sea insensible, como Camps y Rajoy, a la observación y el control públicos, que afortunadamente existen para la defensa de los bienes públicos y los derechos sociales, que tales sujetos pretenden ignorar para seguir con sus prebendas. Pero este caso, como los del Papa y del PePé, es como para hacerse pipí de la risa, si no fuera todo ello más dramático. Aunque, no siendo imprescindible la micción, sí podemos practicar risoterapia frente a ellos, pues se lo merecen.
ALFONS PUIG |