Una prueba más de las peculiaridades arcaicas de la derecha española y de su carácter no homologable con la europea (si acaso con la siciliana) es que ni se avergüenza de su pasado dictatorial, ni se arrepiente, ni siquiera sabe disimularlo, ni se lo propone: son patéticos. Nadie imagina en Alemania a Merkel negándose a condenar el régimen de Hitler, ni siquiera en Italia, a Berlusconi validando públicamente a Mussolini, aunque inconfesadamente pueda admirarlo en su trayectoria. El problema de fondo viene de que estos antiguos aliados de Franco en el caudillaje murieron víctimas de sus excesos, por acción del acoso bélico, mientras que Franco murió víctima del excesivo tiempo que tuvo sometidos a sus súbditos (por aquel entonces el término “ciudadano” era simplemente opuesto a “rural”). Tanto tiempo que, como se propuso, “imprimió carácter” a tres generaciones, a escala decreciente, a su pesar. Pero los años pesan, y el peso específico de todo un modelo de hacer política y negocios a la antigua usanza -caciquismo, favoritismo, nacionalcatolicismo, etc.- marcaron una época cuya sombra es alargada.
Si podíamos creer ingenuamente que los restos del franquismo se limitaban a los mencionados estilos de actuación en lo político, económico y religioso, ya en retroceso, y a ciertos rasgos sociológicos -reverencia y tendencia a la aquiescencia ciega con el poder establecido, falta de espíritu crítico con el establishment y las “verdades” de los media, medias verdades, por citar sólo algunos, además de la persistencia testimonial de partidos como Falange, Fuerza Nueva, y otros innombrables-, ahora resurge la influencia de la dictadura con una vieja fuerza: la del sector ultra de la judicatura, fiel al juramento a los “principios fundamentales del Movimiento” inamovible, que ha persistido enquistado tres décadas en el cuerpo judicial. Con ocasión del recurso interpuesto por los herederos de la dictadura, pero sobre todo, alentado por el enorme interés del Partido Popular (sic) en cerrar el paso a una diligente acción judicial en el caso Gürtel, además de ciertas vendettas particulares, la vieja fuerza consigue apartar al juez español de mayor prestigio nacional e internacional de su carrera y funciones. Por los antecedentes y consecuencias, resulta el mayor golpe antidemocrático registrado en España desde el 23-F: no por causalidad entonces (hace ya más de 21 años) sólo logró imputarse a un civil en la trama golpista: J. García Carrés, un personaje insignificante, quedando la más que probable trama civil del golpe en la sombra… Pero las sombras persisten: demoran los procesos contra Fabra o Camps, y aceleran el de Garzón, ante el asombro en la escena internacional, ignorante de lo que sucede en las cloacas de la democracia española. Lo sucedido ha resultado ser más serio de lo que pensábamos: tenemos una cierta judicatura a medida de la derecha inicialmente descrita, que ni es homologable con la europea, ni se molesta en disimularlo, y que ante hechos como el encausamiento a Garzón, se ponen definitivamente en evidencia, como lo hicieron algunos militares el 23-F, pero tendrá un efecto “boomerang”. Porque si Baltasar Garzón ha demostrado con creces su profesionalidad, reconocida a diversas escalas, salvo por sus resentidos detractores (y por los encausados…), ¿cómo creen que juzgará la historia a un tal juez Varela y a sus compadres del caducado CGPJ que facilitaron el trabajo sucio judicial a la caduca Falange, y a los oscuros intereses PoPulares? Como sospechábamos, aquella transición democrática que frecuentemente se recuerda como “modélica”, lo fue esencialmente para facilitar un aterrizaje suave de los jerarcas franquistas reconvertidos a demócratas forzosos, y sin exigencia de responsabilidad alguna. Ojo: tenían a sus compinches apuntando desde los cuarteles, como se comprobó en 1981. Visto el resultado, nos hemos quedado solos: ya no sólo en Alemania e Italia se depuraron responsabilidades tras sus dictaduras, después también en Sudamérica. Y aquí ni siquiera se plantea hoy tanto: se trata de la decente sepultura de los muertos, honrar su memoria, y visto lo visto, procede exigir también la regeneración del cuerpo judicial, de cargos públicos, del sistema electoral, autonómico, banca pública, etc. dentro de una segunda transición, que nos posibilite, decisivamente, la tercera… Necesitamos más Garzón y más movilización.
ALFONS PUIG |