El logotipo de la cadena de medios Intereconomía es desvergonzadamente coherente con su línea ideológica y de actuación conocidas: un toro en disposición de embestir, bien diferente del autocomplaciente toro de Osborne. Y en embestidas y en embustes compite con su participada, la COPE, así como en la insistencia en degradar la cultura democrática de los medios de comunicación, y la propia democracia, que parece que les estorba, pues no asumen sus reglas cuando no son sus afines quienes detentan el poder central. Ambas cadenas, como también, la del pequeño talibán Jiménez Losantos, y alguna que otra emisora local que se apunta al empleo de la pueril y fácil pero antiprofesional táctica del insulto intolerable o la descalificación gratuita con los que generar salidas de tono, escandalera continua, y ruidos similares, para acabar copiando la táctica PoPular del burdo victimismo. Infantil donde los haya, pues trata de eludir responsabilidades: si a un imputado se le detiene, o a un medio se le multa de acuerdo con la legalidad vigente, nunca se ven a sí mismos responsables de sus actos, sino meras víctimas de una conspiración de Rubalcaba, su policía, el Ministerio, jueces (menos que) amigos y cualquier elemento hacia el que dirigir culpas, antes que dar debidas explicaciones a la ciudadanía.
Realmente patéticos resultan estos pseudoprofesionales de la (des)información cuyo logro esencial consiste en promover con sigilo o descaro manifiesto, según el caso, la emergencia de los bajos instintos de la naturaleza humana: los tendentes al insulto, la agresión, la intolerancia, el egoísmo, el fascismo. Pero quien paga, manda, y sin duda les pagan los poderes interesados en mantener el statu quo, el lobby neocon. Da que pensar la deriva ideológica de los medios “conservadores”, que ya no conservan ni las formas que tras la recuperación de la democracia, hace algunos años, era de culto mantener, y resultaba impensable difundir los contenidos y formas antidemocráticas en los términos como actualmente hacen la COPE, Interconomía, Esradio, etc. ¿El péndulo de la Historia? Más exactamente, las incontrolables ansias de recobrar el poder perdido tras la dictadura y el aznarato, y ahora tratan de sembrar el odio ciego, que no atiende a razones, como reacción válidamente generalizable y fácilmente activable por los charlatanes de feria.
En los últimos meses la dinámica ha ido in crescendo, tantean los límites del marco democrático, y realizan continuamente comentarios salidos de tono, denigran el hecho homosexual, insultan abiertamente a cargos públicos (de Catalunya, ZP)… y cuando el Estado reacciona mediante sus instrumentos legales al uso —una sanción administrativa (100.000 €)— salen con el consabido victimismo, como ante las detenciones de los presuntos delincuentes PoPulares, y la deslegitiman aduciendo “desproporción”, falta de potestad, etc., razones luego demostradas falsas. Pero nunca se disculpan.
El objetivo es siempre el mismo: deslegitimar la realidad democrática, bien mediante el burdo insulto, el bajo instinto agresivo, o mediante el victimismo sectario cuando reciben las consecuencias de sus primeros actos. El problema y trasfondo apreciable de tales tácticas es que nos sitúan en una pugna desigual, hecho ya conocido pero de oportuno reconocimiento: en España, derecha e izquierda convivimos hoy en democracia, pero empleando muy diferentes medios. La primera recurre a gran escala a los conocidos métodos del caciquismo, el falseamiento de datos, tergiversación de hechos, la siembra del odio ciego, numerosas corruPPtelas muy lucrativas, y todo tratan de aparentarlo como normal, mientras que la izquierda, que estima la democracia en lo que ha costado, afina más las formas y los fondos, ateniéndose en general a las normas democráticas. Pero en los últimos tiempos, en lugar de aproximarse a sus homólogas europeas, la derecha española persevera en sus cerriles prácticas de origen, embiste para imponer jugar con ventajas, y vuelve a mostrarse incapaz de asumir las reglas del juego democrático.
ALGONS PUIG |