Sergio Peris Mencheta y Víctor Clavijo en una escena de 18 COMIDAS
(3) 18 COMIDAS, de Jorge Coira
Historias mínimas

Tras un discreto debut en la dirección de largometrajes con la comedia El año de la garrapata (2004), el realizador gallego Jorge Coira nos sorprende ahora con una fresca historia (más bien, 6 pequeñas historias que transcurren a lo largo de un día), producida con medios muy modestos (está rodada con cuatro cámara digitales en nueve días) y mucha improvisación (se filmaron horas y horas), pero con unos resultados que, a pesar de sus altibajos, consigue momentos brillantes, sobre todo en el seguimiento de dos borrachines a lo largo de un día (son el eje del relato), el reencuentro entre un solitario amigo (Luis Tosar nos ofrece su faceta musical) con una amiga casada e insatisfecha con su nueva vida (Esperanza Pedreño en su conocido registro de chica atormentada), una pareja de homosexuales (estupendos Sergio Peris Mecheta, profesor de gimnasia / peluquero, y Víctor Clavijo) que reciben la visita del hermano de uno de ellos con una muchacha a la que acaba de conocer en un bar, o el ingenuo y confiado que se pasa todo el día pendiente de la visita de una chica a la que ha invitado a compartir mesa y mantel. Siguiendo el esquema que tanto utilizó Robert Altman en varias de sus películas (la más emblemática es Vidas cruzadas, 1993, aunque no olvidemos Nashiville, 1975), Jorge Coira salta continuamente de unos personajes a otros, alternando momentos dramáticos con otros de comedia, todo ello en el marco de un puzzle donde las piezas de la compleja dramaturgia van encajando.
Dividido el film en tres bloques que tienen en común instantes relacionados con la diaria y rutinaria, en principio, costumbre de sentarse en una mesa a la hora del desayuno, del almuerzo y la cena, al contrario de Bon appétit, otro film español actualmente en la cartelera, 18 comidas está muy alejado de las exquisiteces de los elaborados platos de un cotizado restaurante (aquí abundan sencillas ensaladas, carnes a la plancha, caseras vichisoises o, como mucho, una lubina a la sal…), para centrarse en la comida habitual confeccionada por gente corriente, entre la que se encuentra un matrimonio de ancianos que apuran hasta el máximo el contenido de un tazón de café con leche con sus sopas correspondientes. Como la comida, la película fluye en un tono agridulce, simpático, con situaciones y diálogos hilarantes. Para ello es necesario que los intérpretes estén muy bien, que es lo que sucede con los ya citados, además de la estupenda Cristina Brondo, María Vázquez, Juan Carlos Bellido, Víctor Dupla, Xosé Barato o Pedro Alonso. 18 comidas es una producción gallega, realizada en “plan amiguetes”, pero que obtiene unos resultados que para sí querrían películas de mayor presupuesto y más ambiciosas. Se ha estrenado en una sola sala en Valencia, pero no debería pasar desapercibida para los cinéfilos.

VICENTE