El cineasta norteamericano Tod Haynes ya se había acercado, desde unos planteamientos narrativos complejos y arriesgados, al universo de la música contemporánea en la excelente Velvet Goldmine, y ahora lo vuelve a hacer, incluso con más capacidad de riesgo, en esta atractiva película que se acerca a una de las figuras decisivas de la música de nuestro tiempo, Bob Dylan, a través de un relato completamente desmarcado no sólo de los usos habituales del biopic, sino también de cualquier esquema narrativo conocido o reconocible para el espectador, en una especie de ensayo en torno al cantante que resulta mucho más próximo de Godard, por citar un cineasta inclasificable y especialmente ajeno al modelo del cine norteamericano, que de cualquier propuesta made in USA, por vanguardista y atrevida que sea.
La película pretende explorar los universos personales y creativos del artista, a través tanto de diversos personajes, interpretados por actores, e incluso actrices, distintos, como de diferentes planteamientos narrativos, intentado ofrecer al espectador un rompecabezas poliédrico que le sirva de herramienta para componer su propia visión del personaje. Desde el poeta que se identifica con Rimbaud, y es objeto de una larga entrevista en un único plano que se va distribuyendo a lo largo del film; hasta el sosias física y dramáticamente más cercano de Dylan, paradójicamente interpretado por Cate Blanchett, en un estupendo trabajo que le valdría un premio en Venecia; pasando por el niño de raza negra que viaja en los trenes de la Gran Depresión y asiste conmovido a los últimos momentos en la vida del mito del folk norteamericano, Woody Guthrie; o por un Billy the Kid a cargo de Richard Gere, rescatado de la muerte que le inflingió Pat Garrett, refugiado en el incógnito de la naturaleza, y finalmente aliado de la causa ecologista frente a las carreteras que pretenden trocear el bosque; todos ellos al servicio de las múltiples caras de este poeta de nuestro tiempo, que lo mismo ejerce de profeta del folk más comprometido socialmente, que de abanderado del sonido eléctrico, o de cristiano de nuevo y viejo cuño... Una película fascinante, con momentos más conseguidos que otros, algo inevitable en un trabajo con tan pocas “precauciones” y tan dispuesto a explorar cualquier camino, pero en cualquier caso un film que constituye prueba irrefutable de que todavía no está todo inventado en el cine.
PEDRO URIS |