Isabelle Carré y Louis-Ronan Choisy en una escena de MI REFUGIO, de François Ozon.
(3) MI REFUGIO, de François Ozon
Convalecencia emocional

Excelente retratista del mundo de los sentimientos, el prolífico realizador galo François Ozon construye en Mi refugio, un aparente film menor, un interesante relato sobre el embarazo como medio de superación del duelo y la necesidad de un espacio, físico o abstracto, donde refugiarse ocasionalmente para superar desde allí cualquier contingencia emocional.
Tras superar un mal viaje con las drogas, una heroinómana se entera a la vez de la muerte por sobredosis de su novio y de que está en estado de gestación. Desafiando las presiones de su familia política, decide seguir adelante con el embarazo y se retira a una casa vacía en la playa, donde recibe la inesperada visita del hermano del fallecido, un joven homosexual, con quien inicia una peculiar relación, caracterizada por la ambigüedad y basada en la necesidad de afecto y cariño.
Sin miradas moralizantes ni excesos sentimentales, Francis Ozon nos describe el tránsito vital de la joven protagonista en el que, mientras se repone de su drogodependencia y trata de superar el dolor por la pérdida, se reconcilia con ella misma. Destaca por un lado la delicadeza a la hora de reflejar el instinto maternal —obligado para ella, prohibido socialmente para él— surgido no por el deseo y la voluntad de ser madre sino como recuerdo de su amor perdido, como un acto desesperado para mantener viva la presencia de su pareja ausente. Por otro, la honestidad con la que nos introduce en la imprevisible relación afectiva y sexual que surge entre estas dos personas casi desconocidas, unidas por dos seres que no existen, el hermano fallecido y el bebé nonato. Ozon aprovecha, además, para cuestionar la permeabilidad de las fronteras convencionales —¿dónde está el límite que separa el amor y la amistad, el cariño y el deseo, la heterosexualidad de la homosexualidad, la marginalidad de la integración?—, aportando un original punto de vista de la sexualidad humana.
Una magnífica Isabelle Carré, embarazada en la vida real durante el rodaje, da vida a la compleja y tortuosa protagonista de Mi refugio, en mi humilde opinión, la mejor película de François Ozón.

PAU VANACLOCHA