Una escena de UNA HORA MÁS EN CANARIAS, de David Serrano
(2) UNA HORA MÁS EN CANARIAS, de David Serrano
El amor es una guerra

Tras sus dos experiencias como realizador, siempre dentro de la comedia, con las muy discretitas Días de fútbol y Días de cine, David Serrano vuelve a la versión musical del género que le proporcionó, como guionista, su mayor satisfacción profesional hasta la fecha (El otro lado de la cama), con esta simpática y agradable producción que sigue los pasos de aquélla, o lo que es lo mismo de la tradición del género en Europa -Francia y Jacques Demy por más señas-, con los sentimientos amorosos como motor del relato; una pausada planificación de los números musicales, totalmente alejada de las actuales tendencias videocliperas (visto y no visto); y una utilización del color en vestuarios y decorados que, de nuevo, remite al citado Demy, si bien los tiempos han cambiado y el amor anda desprovisto del romanticismo dolorido del cineasta francés y no sólo sube de intensidad en lo que a contactos carnales se refiere, sino que está concebido como una guerra sin cuartel en la que todo vale para conseguir el objetivo, aunque éste se parezca más a un trofeo de caza que al ser amado.
Un punto de vista tan válido como otro cualquiera, que la película maneja con cierta soltura y con momentos brillantes (las incursiones en lo mágico, o la resolución de la historia otoñal a cargo de Eduardo Blanco e Isabel Ordaz, estupendos ambos), pero que se ve limitado por una excesiva afición al lado guerrero del asunto, con demasiados ardides, golpes bajos y chantajes, que termina tiñendo de reiterativo al relato y le condena a un desenlace precipitado y tosco. Unas relativas limitaciones que se extienden a unos números musicales que, a pesar de sus virtudes, que las tienen y muchas, no terminan de estar completamente integrados en la narración, de modo que, en general, se aplican a ilustrar o exaltar sentimientos y situaciones que ya se han producido, y no a participar o hacer avanzar la acción.

PEDRO URIS