Presunto terror proveniente de Noruega, que repite la manida fórmula de jóvenes estudiantes, en este caso de medicina, reunidos para pasar unos días en una confortable cabaña situada en una solitaria zona montañosa y nevada. Todo comienza con pequeñas bromas entre ellos, incluidas las menciones a películas del género, para ir derivando hacia la aparición de los zombis de turno que devoran carne humana, con la diferencia de que ahora la interminable legión de atacantes son nazis uniformados que según «reza la leyenda» se refugiaron en aquellas montañas al finalizar la 2ª Guerra Mundial. No existe ninguna metáfora, parábola o reflexión por tratarse de nazis. Podrían haber sido perfectamente del KGB, la CIA, la guerrilla del Che Guevara o del PP. Todo es una excusa para ofrecernos una sucesión de escenas gore, en decadencia en el actual cine de terror, servidas en ocasiones con sentido del humor, para conducirnos a la nada. Hasta que aparece el primer zombi, minuto 55, todo resulta insulso. El festival sanguinolento se reduce a la media hora final. Una más.
VICENTE |