Héctor Alterio y Sergio Padilla en una escena de AMANECER DE UN SUEÑO
(3) AMANECER DE UN SUEÑO, de Freddy Mas
Amor a prueba de olvido

Freddy Mas Franqueza debuta en el largometraje dirigiendo un film exhibido con éxito en numerosos festivales de cine, habiendo sido incluso premiado en algunos de ellos como la Mostra de Valencia, en su pasada edición, Mannheim-Heidelberg o Málaga. Arropado por la inmensa personalidad de Héctor Alterio, responsable de sostener un andamiaje que, a pesar de su levedad en trama y estructura, es de considerable densidad y consistencia en cuanto a la temática abordada, Mas se enfrenta a una historia presentada como un tríptico de amor familiar, desapego, deudas generacionales y de lo que de incondicional tienen, a veces, los lazos entre sus miembros. Esta división, claramente presentada mediante claves espacio-temporales, adolece de una cierta irregularidad, especialmente en cuanto al ritmo de la narración, aunque por otra parte la adecuación al planteamiento inicial del director sea absoluta. Uno de los grandes méritos de esta opera prima es la contención en un film que podría correr el riesgo de empaparse de sentimentalismo, a partir de esos “buenos sentimientos” que muestran, pero no exhiben, sus protagonistas masculinos. Amanecer de un sueño (2008) es un film de silencios y elipsis abismales más reconocibles en cinematografías más septentrionales, cuyos poco explícitos personajes, caros diálogos y montaje hermético dotan al resultado de un halo varios grados por debajo del ardiente meollo que desmenuzan sin alardes. Este hallazgo en la escritura resulta tanto más evidente en la medida en que en el cuadro central, temáticamente más potente (la enfermedad del abuelo y la difícil decisión del nieto), parece romperse en pos de un discurso más explícito. En cuanto a las interpretaciones, destaca, como hemos comentado, un gran Alterio, robaescenas total, cuyo recital alcanza el paroxismo con sus accesos de desequilibrio mental de una verosimilitud escalofriante, aunque porfíe continuamente por disimular su acento natal. Mónica López, una actriz espléndida, encaja como un guante en el papel de la madre despegada, emigrante por amor, cuya presencia tras la barra de un bar de Berlín parece tan natural como la decrepitud del negocio familiar en el pueblo de interior. Alberto Ferreiro y Sergio Padilla encarnan al joven y niño Marcel, respectivamente, acompañándoles en el reparto la televisiva Aroa Gimeno y María Almudéver, en un film interesante, donde se habla de mucho más que de Alzheimer.

EVA PEYDRÓ