Nisreen Faour en una escena de AMERRIKA
(3) AMERRIKA, de Cherien Dabis
Inmigrantes palestinos en EEUU

La emigración legal—con permiso de residencia y de trabajo— de una madre palestina con su hijo adolescente a EEUU (Illinois), acogidos por unos familiares allí ya instalados, sirve a Cherien Dabis de tema para debutar en el largometraje, utilizando gran parte de sus experiencias autobiográficas para mostrar tanto las humillaciones de su pueblo bajo la ocupación militar de Israel como las serias dificultades de los inmigrantes procedentes de Oriente Medio para integrarse en el soñado “paraíso” americano.
Amerrika, fruto de una financiación compartida entre Canadá, Kuwait y USA, es un interesante film premiado por la crítica internacional (FIPRESCI) en Cannes 2009. Fue rodado en Canadá (Winnipeg) y en Cisjordania (Ramallah) a partir de unos planteamientos específicos tanto de carácter técnico (cámara a mano, utilización preferente de luz natural, presupuesto económico limitado) como estilístico (formas de cinema-verité con mezcla de ficción y documental, fotografía de tonos fríos en USA y cálidos en Palestina, numerosos ensayos previos tras una rigurosa selección entre actores árabes procedentes de muchos países).
La película destaca como crónica de una realidad cotidiana cuya riqueza psicológica, autenticidad de situaciones y caudal de emociones descansa antes en la humanidad de los personajes que en unas posturas políticas que sólo se aprecian como telón de fondo de unas conductas mucho más condicionadas por sentimientos concretos que por ideas abstractas. Cherien Dabis, nacida en Nebraska (USA) de padres jordano-palestinos inmigrantes,
demuestra conocer bien aquello que narra a los espectadores: los prejuicios racistas y xenófobos que identifican a todos los árabes con musulmanes y terroristas, confundiendo raza, política y religión (especialmente tras la guerra del Golfo de 1991, el atentado de las torres gemelas de 2001 y la invasión de Iraq en 2003) o la difusa identidad de los hijos de inmigrantes, que ni son considerados totalmente estadounidenses ni auténticos palestinos. También la especial condición apátrida (sin nacionalidad propia) de muchos ciudadanos del Oriente Medio ocupado por Israel o el incómodo mestizaje cultural de quienes se resisten a perder sus raíces pero se ven obligados al mismo tiempo a adaptarse a las costumbres del país de acogida. Sin olvidar, desde luego, la íntima contradicción entre la añoranza de lo perdido y la necesidad de sobrevivir, o sea, entre la dolorosa nostalgia y el anhelo de un futuro mejor.
Amerrika huye a la vez del panfleto y del folletín sensiblero, logra mezclar sabiamente drama y humor, abriendo finalmente una ventana a esa esperanza razonable construida sobre la constancia y el sacrificio. En esta película habita la verdad porque está poblada por seres humanos de carne y hueso, aquellos que tienen que luchar duramente cada día para resolver problemas de trabajo, de vivienda, de escuela, de cultura y de idioma en una tierra que aún no es la suya.

VANACLOCHA