El cuarto largometraje de la danesa Lone Scherfig —una cineasta galardonada con multitud de premios por sus trabajos en radio, cine y televisión— es la adaptación y desarrollo de un breve texto autobiográfico de Lynn Barber, que recuerda la traumática relación mantenida con su primer novio cuando la periodista era aún adolescente y él un apuesto muchacho bastante mayor que ella. El guionista Nick Hornby, al parecer, ha suavizado un poco en la película la catadura moral de David, un joven judío no tan farsante y perverso como en el original literario sino en cierto modo un adelantado a su tiempo, que profetizaba lo que muchos años después sería el pensamiento a-crítico posmoderno y el apogeo del consumismo.
La protagonista Jenny (magnífica interpretación de la actriz Carey Mulligan, que ya vimos en Orgullo y prejuicio) tiene 16 años y ansía disfrutar de la libertad de los adultos, aunque en su camino hacia la madurez se entusiasme tanto con los recién descubiertos placeres cotidianos como sufra con sus errores y desengaños. Estamos en el Londres de 1961, un momento de cambio histórico en el que todavía pervivían los restos de la moral victoriana, justo antes de la revolución pop, el boom económico y la liberación sexual feminista. Todavía predominaba pues un cierto clima de posguerra, monopolizado por la sacralización del trabajo y el hogar, cuando la protagonista del film, brillante estudiante de clase media, hija de un modesto funcionario pero alumna de un distinguido colegio privado, se plantea la duda entre seguir su carrera en Oxford o casarse con quien parece ser un “buen partido”, tentada por una novedosa vida bohemia tan confortable y llena de glamour como frágil en sus postulados éticos.
Según evoca Lynn Barber, lo que daba prestigio entonces en ciertos ambientes minoritarios era la cultura francesa existencialista, considerada la más refinada y avanzada (en la película oímos cantar a Juliette Greco) con su propuesta de vivir intensamente el presente sin preguntarse por las reglas ni reflexionar sobre los fundamentos. Pero todo este pregonado liberalismo anti-burgués chocaba con la austeridad y el conservadurismo aún presentes en Inglaterra y este conflicto lo vemos materializado en una Jenny deslumbrada por David y sus amigos—frecuentadores de conciertos y restaurantes, amantes de los coches deportivos y los viajes—que se convierte en víctima de falsos dilemas entre vida y educación, entre experiencia y cultura o, en definitiva, entre diversión y razón.
An education es un film que retrata estupendamente el ambiente de transición de principios de los 60 (nuevos valores, costumbres, viviendas, vestidos, música, objetos, etc.) desde el puritanismo residual a una ansiada modernidad en la que no todo fue positivo. Y es un relato que destaca también por su equidad y lucidez, guardando un difícil equilibrio entre las recetas moralizantes y las proclamas irresponsables. En su magnífico reparto cabe destacar, como más conocidos, a Alfred Molina y a Emma Thompson.
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