María Botto, Miguel Rellán, Miereia Ros y Cristina Alcázar en una escena de ANIMALES DE COMPAÑÍA.
(2) ANIMALES DE COMPAÑÍA, de Nicola´s Muñoz
Faltas graves

La segunda película de Nicolás Muñoz, nueve años más tarde de su debut con Rewind, evidencia tanto esfuerzo y dedicación como su opera prima, de nuevo una historia en la que, forzosamente, las ideas deben suplir la falta de medios. Unas ideas que resultaban especialmente novedosas en aquélla, una cámara de vídeo que permitía manipular el tiempo de los personajes, y que en esta ocasión lo son bastante menos, ya que el film elige como escenario una cena familiar en la que se destapan los rencores y frustraciones que habitan en el seno de esta institución imprescindible -por el momento- en cualquier sociedad que se precie, un planteamiento bastante socorrido en la escena y en la pantalla, y del que, por citar un ejemplo cercano y reciente, también echó mano un film valenciano de bajo presupuesto, Faltas leves, de nuestro amigo Jaume Bayarri.
Puestas así las cosas, el éxito de la empresa queda en manos del interés que esta familia despierte en el espectador y de la capacidad de sorpresa que posea el relato en sus giros y personajes, y en ninguno de ambos apartados la película sale demasiado bien parada, con tipos y situaciones demasiado previsibles, incluso con antagonismos un pelín forzados, y con giros que más parecen fruto de la necesidad de completar el metraje que de la lógica interna del relato (la desaparición de la serpiente, y especialmente la trama asociada a la inspectora de adopciones a cargo de Blanca Apílanez), quedando casi todo el aire fresco en manos del personaje que interpreta, con gracia, Nancho Novo. Limitaciones que no restan un ápice de honestidad y profesionalidad al empeño, con un guión, una puesta en escena y unos actores atendiendo al máximo las posibilidades de sus personajes, por mucho que éstos, la mayoría de las veces, acaben adoptando patrones de conducta tan vistos como dependientes de las intenciones morales del film.

PEDRO URIS