Izabella Scorupco en una escena de AURORA BOREAL.
(2) AURORA BOREAL (SolStorm), de Leif Lindblom
El asesinato del predicador

La moda por el policial nórdico que se ha impuesto entre los lectores no parece alcanzar con igual fuerza a la pantalla, pues la mayoría de los films ni siquiera llegan a estrenarse en salas comerciales, y concretamente éste lo hace en una sesión única de cine en valenciano, aunque yo lo conozco de su reciente pase por la Mostra, el ciclo Generación Millenium, donde se proyectó en versión original subtitulada, que es como deben verse las películas.
Por lo que conozco del género, tanto en su apartado literario como cinematográfico, se trata de productos muy sólidos y fieles a la tradición del policial de serie negra, un poco con el toque gélido que se le supone a estas latitudes, pero en general demasiado plegados a las exigencias y esquemas del modelo, con un protagonista, un detective masculino o femenino, siempre con problemas personales a cuestas (aquí es una reunión de trabajo que se supone vital para el futuro profesional de la protagonista), y una intriga que conforme avanza va destapando la basura que guarda en sus trasteros la buena sociedad. Sólo cuando uno de estos elementos gana enteros en complejidad y novedad, la película se eleva por encima de esa correcta y estimable media en la que se mueve el género y en la que se sitúa el film que estamos comentando.
Aurora boreal está inspirada en una novela de la escritora sueca Asa Larsson, que tiene como protagonista (un personaje que se repite en sus novelas) a una experta en leyes (un poco como la propia autora antes de decantarse por la escritura), y sitúa su acción en un paisaje extremadamente invernal en las proximidades del Círculo Polar Ártico, con una secta religiosa ultraconservadora que domina la vida de las gentes del lugar y esconde en un seno un terrible secreto que el asesinato de su líder terminará sacando a la luz, a lo largo de un relato siempre correcto y entretenido, con unos espectaculares paisajes helados, pero también siempre bajo la sospecha de estar recorriendo unos pasos demasiado calculados.

PEDRO URIS