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| Carlos Bardem en una escena de BIUTIFUL |
| (4) BIUTIFUL, de Alejandro González Iñárritu |
| Padre |
El mexicano Alejandro González Iñarritu insiste en su exploración del dolor humano (21 gramos, Babel) con esta intensa película ambientada en una Barcelona muy alejada de la que nos venden (con toda justicia) las postales turísticas, y protagonizada por un inmenso Javier Bardem completamente metido en la piel de su exigente personaje, un hombre con los días contados y todavía con demasiadas cuentas que saldar en el mundo de los vivos. Un film que, como probablemente conocerá el lector, ha llegado con cierta división de opiniones (algo que, en cierto modo, también sucedió con los títulos del cineasta citados anteriormente), y al que algunos le reprochan su condición de circo de la miseria y los sentimientos, dos universos del mundo real -sólo hace falta mirar afuera o asomarse al abismo individual de cada cual- que, sin duda, andan muy presentes en el film, y cuya encarnación en estado límite asegura al relato, a cualquier relato, un prolongado paseo por el alambre que separa lo sublime de lo vulgar, o incluso de lo ridículo. Un riesgo que, a pesar de la tajante premisa argumental (la muerte a plazo fijo), la película supera con nota, y que además multiplica, voluntariamente, por tres o cuatro, al incluir como apertura y cierre unas secuencias de fundamentos oníricos, metafísicos si se quiere, que en mi opinión no sólo dotan a la historia de trascendencia moral y poética, sino que, con su encaje en la escena final, la enmarcan con singular belleza y emoción. PEDRO URIS |