Una inteligente y sensible aproximación al universo del poeta inglés John Keats, y por extensión al alma profunda del romanticismo británico del siglo XIX, a través de la relación amorosa que éste mantuvo al final de su corta e intensa vida -moriría a los veinticinco años, en Roma, víctima de la tuberculosis- con la joven Fanny Browne, un personaje que ejerce de conductor principal del relato y sitúa a la figura del poeta en un adecuado segundo plano, un poco contemplado tras ese velo de misterio que reclama su propia condición de autor en estado puro.
Apenas algo más de un año en la vida de estos dos personajes que terminan recreando en sus relaciones los tormentos que la poesía del momento adjudica a la pasión amorosa entendida como ideal que pretende trascender la fugacidad del mundo físico, pero que, inevitablemente, termina atrapada en la efímera telaraña de lo real y condenada por tanto a los sufrimientos que imponen las servidumbres terrenales, ya sea las de un cuerpo que el tiempo marchitará, o las de una sociedad mucho más preocupada por el dinero que por la belleza.
Esta recreación del sentimiento romántico, de su sublimación de conceptos terrenales o de su fascinación morbosa por la muerte y la eternidad, constituye el principal activo de esta interesante película, que luce además el mérito de narrar una relación tan apasionada sin ceder a las convenciones estéticas y morales asociadas al tema, dejando fuera todo artificio, toda mentira, y ciñéndose a la verdad de unas vidas marcadas por una desgracia, por un dolor, que casi parecen reclamar los propios poemas del protagonista, como si el amor no pudiera alcanzar su plenitud sin estos tormentos.
No es nada fácil explorar el universo romántico, con todo lo que tiene de bello y también de enfermizo, desde unas posiciones exigentemente realistas, pocas películas lo consiguen —me viene a la memoria La habitación verde, de Truffaut—, pero cuando esto sucede, como es el caso de Bright star, el paseo que se le propone al espectador aparece cargado de belleza, emoción y significado.
PEDRO URIS |