Michelle Valley en una escena de CANINO, de Giorgos Lanthimos.
(3) CANINO, de Yorgos Lanthimos
El porder de las palabras, las palabras del poder

Una interesante y original fábula, con una intensa carga metafórica sobre las dictaduras en general, que tiene como protagonista a una familia compuesta por padre, madre, dos hijas y un hijo, todos ellos excepto el progenitor —que sale para ir al trabajo— recluidos y aislados en una confortable casa de campo rodeada de un alto muro.
Realizada por el ateniense Yorgos Lanthimos (trabajos en cine, teatro, vídeo y televisión), la película ha recibido premios en los festivales de Cannes, Sitges y Montreal. Su estilo, más propio de un drama que de una comedia, se muestra sin embargo emparentado con un humor surrealista cercano al absurdo, que algunos comentaristas han relacionado con la crueldad y el cinismo del discurso burgués analizado por algunos filmes de M. Haneke, L. Buñuel y D. Lynch.
Canino es un relato atroz sobre una peculiar forma de educación, autoritaria y manipuladora, en la que tanto la información suministrada como los valores sustentados se hallan sometidos a las arbitrarias reglas de un poder absoluto que sólo atiende a sus propios criterios e intereses, cambiando el significado de las palabras (el lenguaje) para establecer de modo categórico la ignorancia, la sensación de inseguridad y la necesidad de obediencia ciega. El sentido de las cosas dependerá, pues, del criterio de quien detenta el poder, como se dice en un pasaje de Alicia en la país de las maravillas (Lewis Carroll).
En este singular film, repleto de situaciones simbólicas cuya patología nos remite a sistemas socio-políticos perfectamente reconocibles, la idea central reside en la amenaza que representa el mundo exterior (como en El bosque, de M. Night Shyamalan), con un catálogo de premios y castigos que juega con resortes psicológicos primarios como son el miedo y el placer dentro de un aparato represivo disfrazado de un paternalismo protector donde los bienes materiales (regalos) son la única recompensa establecida.
Hay un final abierto que sugiere la probable continuación del sistema pese a las dificultades crecientes para mantener la disciplina mediante la violencia o fomentando una sexualidad mecanicista alejada de todo resorte afectivo.
Película muy recomendable narrada en tercera persona con una sobriedad expresiva que evita la utilización de contraplanos y que llama la atención por una dirección de actores que dota a las interpretaciones —con toda la intención— de un automatismo más propio de robots que de seres humanos.

VANACLOCHA