(1) CAZADORES DE DRAGONES, de Arthur Qwak y Guillaume Ivernel
Alardeo técnico sin emoción

Claramente inspirada en la literatura fantástica de corte medieval, Cazadores de dragones es una correcta adaptación cinematográfica de la serie de TV “Dragon Hunter”, reconocida en el mundillo de la animación por ser un relato lleno de humor, aventuras épicas y criaturas extraordinarias que narra las aventuras de una singular pareja de cazadores de dragones acompañados por su fiel mascota, mitad perro mitad dragón, en un mundo flotante, con parcelas de tierra conectadas por puentes y todo tipo de dragones pululando por ellas. Como curiosidad, llama la atención las similitudes entre los paisajes de este film y los del planeta Pandora, escenario de la última película de James Cameron, Avatar.
Destaca como reclamo una estética casi perfecta, que recuerda a la pintura paisajística china y a la obra del aclamado Hayao Miyazaki. Su cuidada iluminación y su elevado grado de detallismo en los fondos la hacen visualmente muy atractiva. Pero la historia no deja de ser un refrito de otras tantas cuyo esquema se resume en el clásico viaje iniciático donde se aprenden cosas, se superan adversidades y se vence al villano de turno –moraleja incluida–, todo ello contado de forma un tanto previsible y rutinaria, sin apenas emoción ni originalidad. No obstante, Cazadores de dragones es una saludable alternativa a la animación estadounidense.

PAU VANACLOCHA