mera parte de esta lamentable saga destinada al público infantil, cuando se apagaron las luces de la sala y comenzó la proyección, mi asombro ante lo que estaba viendo no tuvo límites, todavía dudo que realmente haya sucedido, ya que un grupo de perros y gatos estaban haciendo de agentes secretos —hablando por los codos, realizando acrobacias, y derrochando buenos sentimientos—, en un producto que no sólo reitera las chapuzas de su versión humana, sino que además se mira a conciencia el ombligo del cine del imperio, como si éste fuera patrimonio universal, con explícitas citas a Bond, Bourne, Misión imposible, Supermán, y hasta el Hanibal Lecter de El silencio de los corderos. Con dos...
PEDRO URIS |