(1) CYRUS (Cyrus), de Jay y Mark Duplass
Exceso de freaks

Una comedia relativamente ácida que ha contado con buena acogida en festivales como Sundance, Locarno y Valladolid y que suele ser aceptablemente considerada como melodrama indie atento a la peculiar idiosincrasia de sus protagonistas, un tipo solitario, frustrado y recientemente divorciado y una atractiva mujer decididamente condicionada por su posesivo hijo. Incluido este, un triángulo sin excesivos subrayados (la conducta del muchacho daba para un relato de terror al uso) que discurre sin pena ni gloria arropado por la aplicada experiencia de los actores.
Pero lo que, en principio, apuntaba a una mirada crítica en torno a unos personajes suficientemente desplazados y mediocres, va mostrando sus verdaderas inclinaciones y limitaciones, apostando fundamentalmente por la condición friki de todos ellos, un hecho que impide una más seria reflexión en beneficio de lo puramente gratuito. No se trata, pues, de que los protagonistas sean más o menos hábiles con sus modelos de conducta o sus paupérrimas aspiraciones, sino que sea la condición exagerada y, en definitiva, absurda de sus intenciones y comportamientos lo que sobresalga. Hasta lograr que resulten tan irreconocibles como para no molestar a ninguna conciencia. Si se tratara de una fábula de terror —al fin y al cabo, el hijo acaba pareciéndose demasiado a Norman Bates—, diríamos que carece de la necesaria contextualización. Como farsa sobre el universo sentimental, sobra casi todo.

LLORÉNS