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| Leonardo Sbaraglia y Miguel Ángel Solá en una escena de EL CORREDOR NOCTURNO |
| (3) EL CORREDOR NOCTURNO, de Gerardo Herrero |
| El amargo sabor del éxito |
Aprovecharé esta crítica para felicitar a Gerardo Herrero y al resto de productores por haber conseguido el Oscar a la mejor película de habla no inglesa con la espléndida El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, máxime cuando nos encontramos ante una coproducción similar con Argentina, adaptación de la novela homónima del uruguayo Hugo Burel, convertida en guión por el también cineasta Nicolás Saad, un thriller social que resultaría infinitamente mejor acogido (por ahí anda el reciente Sutter Island, de Scorsese) si su director y su equipo fueran norteamericanos. Con reminiscencias de determinados antecedentes, fílmicos y teatrales, de David Mamet y Anthony Shaffer, con ecos de clásicos relatos y personajes dispuestos a maléficos pactos (Fausto y el doctor Jekyll, preferentemente), El corredor nocturno es una historia de elección y acoso, refinado y sutil, relacionada con el arribismo y la necesidad de llegar a ocupar altos puestos, tanto desde la propia trayectoria del protagonista como del entorno en el que se desenvuelve. Un film inquietante, pegado generalmente a la piel de su protagonista (no casualmente su esposa es psicóloga) y a sus movimientos como corredor de footing o como directivo de una importante empresa. LLORÉNS |