Ruth Keza Nirere en una escena de EL DÍA QUE DIOS SE FUE DE VIAJE
(3) EL DÍA QUE DIOS SE FUE DE VIAJE, de Philippe Van Leeuw
Las víctimas

Primera película como realizador del belga Philippe Van Leeuw, cineasta con amplia experiencia como director de fotografía, un estimable trabajo que se aproxima a la inmensa tragedia sucedida en la Rwanda del año 1994, cuando centenares de miles de personas de etnia tutsi fueron masacradas por sus conciudadanos de etnia hutu, unas matanzas particularmente crueles en las que no se distinguía entre mujeres, ancianos y niños. El punto de vista elegido es el de las víctimas, con una pareja de protagonistas, la joven que trabaja al servicio de una embajada europea y el maestro al que encuentra malherido, que huyen de la furia asesina de las patrullas armadas hutus, siguiendo a ambos en su angustiosa peripecia a través de los campos y bosques que rodean los pequeños poblados; situando en off la violencia del momento, pero sin perder por ello la intensidad dramática que posee la situación, con algunas escenas particularmente duras (todas las referidas a los hijos de la protagonista); y en general transmitiendo perfectamente la angustia y el proceso de deterioro psicológico que padecen sus protagonistas: las víctimas inocentes de cualquier conflicto de esta clase, que en definitiva son la gran mayoría de las personas atrapadas, que no implicadas, en el mismo.
La película muestra algunas debilidades a la hora de internarse en las circunstancias físicas y psicológicas de la situación, como si le faltara avanzar algunos pasos más hacia el interior de sus personajes y de su entorno, pero mantiene en todo momento un tono esforzado y digno, con largos y exigentes planos anclados en el cuerpo de su joven protagonista, un inteligente uso del fuera de campo, y una completa ausencia de concesiones a la hora de mover la trama y los personajes, en ambos casos ajenos a las convenciones asociadas a estas situaciones y siempre ajustados a las exigencias del doloroso mundo real que les ha tocado padecer, con algunos momentos ejemplares como la escena de sexo, la atención inicial al herido, o el demoledor desenlace.
Puede que cuando lean estas líneas esta película de estreno casi clandestino, una sola pantalla y un solo horario, ya haya desaparecido de nuestras carteleras. Una lástima porque es un film que vale la pena conocer, mucho más que otros que, por el contrario, ocupan indefinidamente las mismas.

PEDRO URIS