Más allá de lo que significa este mítico dibujante como autor y creador de historietas y personajes claves de nuestra educación sentimental e histórica, más allá de sus influencias en otros autores y escuelas (como es el caso de Ibáñez, en el film interpretado por Manolo Solo), cuestiones suficientemente abordadas en el artículo de Álvaro Pons publicado la pasada semana, el film de Aibar funciona especialmente como crónica de una negra realidad, entre la peor posguerra y la llegada del “milagro económico”, el SEAT 600 y la televisión, es decir, el meollo del franquismo, cuasi inspirada, o con espléndidos ecos, del modelo italiano —Una vida difícil y tantos otros—, capaz de satirizar y divertir sin dejar en el tintero una sola de las lacras sociales de un determinado tiempo.
Quizás falte en la película una mayor depuración de estilo y en la puesta en escena, aunque Aibar nunca se inclina por la tendencia estética del cómic, para haber obtenido la negrura requerida. Y vale un ejemplo: la compra del traje —contado por Azcona sería revelador de una moral colectiva— no supera el grado de mera anécdota. Aun así, la negrura abunda, no sólo por los ambientes y los personajes con quienes se relaciona Vázquez, sino también por el demoledor tono de algunos diálogos y planos, especialmente en los días de cárcel o en trabajos de supervivencia. Por ello mismo, el film interesa más como retrato de un tipo dispuesto a darle la vuelta a la estrecha realidad que le había tocado vivir (lo de sus siete mujeres y sus once hijos sólo se cita, pero nos hacemos una idea con las dos familias que le conocemos en el film) que en cuanto a su condición de creador de unas historietas repletas de ingenio, que hay que conocer al margen del film, de la misma manera que hay que conocer 13 rue del percebe para identificar la cita de Ibáñez asegurando que se inspiró en Vázquez para el personaje del moroso del ático.
Con su irregularidad y carencias, El gran Vázquez se me antoja un film tremendamente útil y digno de aplauso, porque pone el acento en las miserias cotidianas del siniestro franquismo, porque no se deja tentar por lo puramente nostálgico o decorativo, porque cuenta con un impecable reparto —Segura, Solo, Villén, Álex Angulo, Mercé Llorens, Jesús Guzmán, etc.— y porque ya era hora de que nuestro cine se ocupara de alguien tan importante en el universo de la historieta.
LLORÉNS |