Belén Rueda y Eduardo Noriega en una escena de EL MAL AJENO
(2) EL MAL AJENO, de Oskar Santos
El médico y sus pacientes

El debut en el largometraje de este cineasta que se dio a conocer, ya hace algunos años, con su cortometraje Torre (2000), es un thriller decisivamente marcado por elementos psicológicos y fantásticos, que explora las relaciones entre el médico y sus pacientes cuando ambos están situados en el umbral del dolor y la muerte, planteando un tema tan abierto para los que no pertenecemos a la clase médica o aledaños -la mayoría de los espectadores- como es la implicación del primero en el sufrimiento del segundo, con todos los problemas personales que esto le puede acarrear, al multiplicar esa empatía por los miles de pacientes que atenderá a lo largo de su vida profesional, o la absoluta distancia respecto de los mismos, una actitud que puede confundirse con la más inhumana carencia de sentimientos.
Un dilema que en el primer tercio del film aparece muy bien planteado con la oposición entre el maduro médico que interpreta un convincente Eduardo Noriega y su joven ayudante, pero para cuyo desarrollo, y especialmente resolución, se recurre a una clave fantástica, o cuanto menos nada realista, y en cualquier caso muy poderosa (incluso más que el conflicto apuntado), que desconecta al espectador de este sugestivo tema que hasta entonces había ocupado su atención, al tiempo que el relato se hace progresivamente errático, sin saber muy bien hacia donde apunta y con algunas tramas secundarias, la relación de Noriega con la viuda a cargo de Belén Rueda, que no van a ninguna parte y tampoco cumplen una función dentro de la historia. Queda la buena puesta en escena y los aciertos de un primer tercio del film pleno de inquietud y de puertas abiertas para la reflexión del espectador.

PEDRO URIS