Kad Merad, Valèrie Lemerercir y Maxime Godart en una escena de EL PEQUEÑO NICOLÁS
(2) EL PEQUEÑO NICOLÁS, de Laurent Tirard
Niños traviesos

La serie de tebeos Le petit Nicolas, una colección servida en pequeños libritos que nació en Francia en 1959 creada por René Goscinny y dibujada por Jean-Jacques Sempé, que se convirtió en un fenómeno editorial durante la década de los años sesenta (como en España sucedió, a partir de planteamientos diferentes, con populares series como El capitán Trueno o Mortadelo y Filemón), forma parte de la memoria sentimental de varias generaciones de franceses. Mientras que François Truffaut se daba a conocer ese mismo año triunfando con Los cuatrocientos golpes, una historia dramática que obtuvo el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes; Louis Malle nos presentaba las aventuras de una niña en el París del 59 con una estética pop en Zazie dans le metro; y Jacques Tati parodiaba la moderna civilización urbana en Mi tío (1958), Goscinny y Sempé nos presentaban las aventuras y travesuras de un grupo de niños, de características muy diferenciadas, y su enfrentamiento divertido con unos padres convencionales.
En el 50 aniversario de su aparición, el director Laurent Tirard ha planteado el film de una forma demasiado amable y nostálgica, obviando los aspectos más corrosivos del original. Lo que han hecho los guionistas en escribir una historia original a partir de varias piezas. Paralelamente, se ha cuidado al máximo la estética de los años sesenta, incluido el color de la fotografía firmada por Denis Rouden. Los actores brillan a un gran nivel, desde el niño protagonista, encarnado por Maxime Godart, sus padres, Valérie Lemercier y Kad Merad, pasando por la profesora, Sandrine Kinberlain, Michel Duchaussoy, o el pequeño homenaje a Los chicos del coro con la brevísima aparición de Gérard Jugnot, el maestro en dicho film. El problema para un espectador español es que le cuesta conectar con este icono de la cultura popular francesa (en dicho país el film los han visto cinco millones de espectadores), aunque en todo momento se ha intentado que el relato tenga un carácter internacional, algo nada fácil de conseguir porque como dice una popular frase, “los franceses son muy suyos”. De todas formas, El pequeño Nicolás es una película que se deja ver con simpatía.

VICENTE