(1) EL ÚLTIMO VUELO, de Karim Dridi
Colonialismo y romanticismo

Fantasmal estreno en una sola sala de Valencia de esta reciente producción francesa realizada por el tunecino Karim Dridi, que posee un amplio currículo como director de fotografía, algo que se adivina por el cuidado que ha puesto en los planos del film, rodado en su totalidad en el desierto. El último vuelo transmite un regusto entre El paciente inglés y Memorias de África, un romanticismo a flor de piel pero en el ámbito de una producción pequeña. Por un lado narra los enfrentamientos de un pequeño destacamento francés en el desierto del Sáhara (estamos en el año 1933) con las tribus de tuaregs que intentan reagruparse, y por otra la irrupción de una aviadora que pide ayuda para encontrar a su amante, también aviador, que se ha perdido mientras realizaba un audaz vuelo entre Londres y Ciudad del Cabo. Ambas anécdotas las utiliza Karim Dridi para mostrarnos dos posturas muy diferentes del ejército colonial, una dura y altanera y otra comprensiva con los habitantes del desierto. Esta última está representada por el actor Guillaume Canet, desertor y dispuesto a iniciar un viaje hacia la muerte con la intrépida mujer, una Marion Cotillard de atractivo rostro que, vaya casualidad, es pareja sentimental en la vida real de Canet. El problema es que la historia resulta demasiado esquemática y la idea de “morir por amor” se me antoja un tanto tópica.

VICENTE