Katie Jarvies en una escena de FISH TANK
(3) FISH TANK, de Andrea Arnold
Rebelde sin causa

El pasado domingo 25 de abril falleció en Londres el escritor Alan Sillitoe (Nottingham, 1928), uno de los hombres clave de la denominada generación literaria de los Angry Men (Jóvenes airados), que tuvo su prolongación en el cine con el movimiento free cinema (cine libre), que tan buenos films nos deparó en Gran Bretaña a finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, con emblemáticos títulos como Sábado noche, domingo mañana (1958), de Karen Reisz, y La soledad del corredor de fondo (1960), de Tony Richardson, ambas basadas en novelas de Sillitoe, que también intervino en los guiones. La primera nos mostraba a un trabajador de una fábrica de una población pequeña que trataba de escapar de la rutina semanal del trabajo emborrachándose los fines de semana, sin el más mínimo atisbo de conciencia social. En la segunda, un joven de clase obrera era recluido en un duro reformatorio tras realizar un pequeño robo. Gracias a sus grandes dotes como deportista, se ganaba el aprecio de los directivos, contra los que se rebelaba finalmente de una forma muy especial.
Durante la proyección de Fish Tank, estas dos películas, estos dos jóvenes airados me vinieron a la mente al asistir a la vacía vida de Mia (extraordinaria la actriz debutante Katie Jarvies, premiada en varios festivales), una adolescente que forma parte de una de esas familias que actualmente se denominan disfuncionales y que tanto proliferan a nuestro alrededor, aunque permanezcan casi siempre en el anonimato. Con un padre totalmente ausente (no se nos ofrece ninguna información sobre su identidad), una madre trabajadora que distrae el tiempo libre organizando fiestas en casa donde corre el alcohol (Kierston Wareing, a la que hemos visto En un mundo libre, de Ken Loach) y una hermana pequeña que se desenvuelve con un lenguaje plagado de tacos, aprendido de los mayores, “la rebeldía” de Mia, su carácter “airado” solamente se manifiesta en la afición que tiene por bailar hip hop, donde parece desenvolverse con soltura, aunque la posibilidad de dedicarse en un futuro de forma más profesional a la danza, se desvanece muy pronto (escena del puti-club). Expulsada en varias ocasiones del colegio por su carácter en ocasiones violento (agresión a una compañera) y dispuesta a no ingresar en un centro especial, su vida cotidiana se desenvuelve a partir de impulsos primarios, ya sea intentando poner en libertad un caballo o experimentado relaciones sexuales con una persona mucho más mayor que ella, aunque sea por curiosidad, para emular a su madre, a la que ignora totalmente (y la madre a ella, que es todavía peor). Tampoco queda mejor parada la estructura familiar del protagonista, un guardia de seguridad de unos grandes almacenes (bien Michael Fassbender en plan macarrilla), que lleva una doble vida en lo que se refiere a la convivencia en pareja.
Lo mejor del film de la realizadora Andrea Arnold es que no juzga a los personajes, evita cualquier tipo de moralismo. Simplemente se dedica a narrar con un gran realismo unos comportamientos cotidianos (por ello el film es deudor del free cinema y del de Ken Loach, aunque menos politizado), siguiendo a su personaje principal casi todo el tiempo con la cámara al hombro (la película está rodada cronológicamente y los intérpretes solamente iban conociendo lo que se filmaría cada día), sin preocuparse de la iluminación y otros aspectos técnicos, clara influencia del movimiento Dogma. Ese aire documentalista, en el que se ha forjado la directora, infiere al relato de un realismo a flor de piel, aunque en el tramo final se pierde por algunos vericuetos a partir de alguna secuencia demasiado alargada.
Ganadora del Premio Especial del Jurado del Festival de Cannes 2009, Fish Tank nos demuestra, sin ningún acento, que cincuenta años después de que los Sillitoe, Reisz, Richardson, etc., nos mostrasen a una clase obrera sin ninguna inquietud social o cultural, las cosas han cambiado muy poco, aunque ahora el acceso a bienes de consumo sean mayores. Pero las conciencias apenas han progresado, en líneas generales. Deprimente, pero cierto. Precisamente por ello, la película es sumamente interesante. No hay que perdérsela.

VICENTE