En 1981, el realizador Desmond Daves dirigió Furia de titanes, una historia de resonancias mitológicas que tenía a Perseo, hijo de Zeus, como principal protagonista de una serie de aventuras. Calificada en Cartelera Turia con un (2), su mayor aliciente era la presencia de Ray Harryhausen como productor y, sobre todo, responsable de los efectos especiales, un mago a la hora de crear extrañas criaturas con la técnica de la Stop-Motion, consistente en construir modelos a escala pequeña y animarlos fotograma a fotograma, como en el caso de los dibujos animados. No fue el inventor de esta técnica de la era pre-digital (recordemos Kin Kong, 1933) pero sí quien la desarrollo y perfeccionó. Furia de titanes supuso la última participación de Harryhausen en un largometraje, cuya mejor obra fue seguramente Jason y las argonautas (1963).
El remake que ahora se presenta quiere aprovechar la imaginación del original pero no lo consigue en casi ningún momento si exceptuamos la escena que abre la película y cierto sabor añejo, o sea, a Harryhausen, en la concepción de algunos monstruos, como esa especie de escorpiones gigantes. De la película de 1981 queda solamente ese pequeño homenaje con la breve aparición del gracioso búho mecánico que Harryhausen creó como cita del R2D2 de La guerra de las galaxias, porque el resto es bastante insufrible, comenzando por el actor protagonista, el inexpresivo e insípido Sam Worthington (Avatar), a años luz del Harry Hamlin del film del 81, y las rutinarias apariciones de Liam Neeson haciendo de Zeus y Ralph Fiennes de Hades, dios del inframundo. Aviso: la versión en 3D canta de lo lindo porque el film no se rodó pensando en esta técnica visual. Vamos, que nos dan gato por liebre.
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