Los directores, que se declaran “cinéfilos” (a su manera: ver filmografía), han realizado una parodia de la saga “Crepúsculo”, una moda que ha funcionado bien en taquilla, narrando una historia juvenil de amor romántico entre mordiscos al cuello, chupadas de sangre y palabras soeces (todo ello reprimido en el caso del guapo protagonista enamorado), con adolescentes que exhiben sus incontroladas hormonas en escenas en las que se habla mucho de sexo aunque sin practicarlo nunca.
La película pretende ser una divertida y ocurrente sátira de significativos títulos del género fantástico pero su humor es torpe y chabacano, como una especie de secuela degradada de aquellas desmadradas y endebles comedias que explotaron los hermanos Zucker, J. Abrahams o Mel Brooks.
Ubicado en el verde estado de Washington aunque rodado en Luisiana (con abundante decoración forestal), el film muestra las andanzas de vampiros de diversa catadura, las de un amistoso licántropo y las de varias jovencitas en celo pero aún vírgenes que se van sucediendo entre chistes con poca gracia, gags artificiosos y personajes caricaturescos. Mala.
VANACLOCHA |