Tras la estimable La vida de nadie (2002), la carrera del director Eduard Cortés ha estado dedicada a la televisión, exceptuando Otros días vendrán (2005) y la recién estrenada comercialmente Ingrid (2009), que ya fue exhibida en la Sección Oficial del Festival de Sitges. Esta película nace de la perseverante curiosidad con que Cortés se ha dedicado a la exploración de expresiones artísticas alternativas en Internet y que le llevó a surfear durante dos años en diferentes redes sociales durante dos años, en los que ha descubierto un universo cibernético que ha dado el salto a la realidad. En MySpace, Flickr, etc, el director ha ido siguiendo el rastro de artistas de la fotografía, performance, música... como Micka Luna, Alvértigo, Lyona, Manos de Topo que, interpretándose a sí mismos, ofrecen a lo largo del metraje un relleno y un contexto que se convierte finalmente en la única justificación del film. A través de un personaje ajeno a ese colectivo underground -un hombre separado de vida convencional, interpretado limitadamente por el televisivo Eduard Farelo- Cortés se explaya en un muestreo de acciones, conciertos y exhibiciones de geografía humana que delatan tan solo su fascinación por el fenómeno en detrimento de un relato sólido, en ausencia de un guión que reúna las mínimas condiciones de expresividad, concreción, inteligibilidad e interés.
La protagonista que da título al film, interpretada por la debutante Elena Serrano, capitaliza el argumento con sus actitudes à la page, canónicamente contemporánea, pero no le basta con la desinhibición provocadora de la artista para soportar el peso de una película que acaba resultando una suma de tableaux vivants, exaltadores de una bien calculada transgresión. El sufrimiento de Ingrid, su carisma, su culpabilidad redimida a través del dolor y esa mística autodestructiva no nos llegan, mientras el recurso redundante a los primerísimos planos de sus ojazos tristes, confusos, dolientes no nos lleva más allá del desinterés por saturación.
EVA PEYDRÓ |