Ni el otrora prometedor Nick Cassavetes, ni las expectativas trazadas por el peor cine norteamericano de sobremesa televisiva, auguraban alcanzar cotas tan deplorables. De no ser por la gravedad y el dramatismo de las cuestiones abordadas (leucemia, cáncer, transplantes, hospitalización, vómitos de sangre, epilepsia, etc.), las situaciones sólo merecerían chanza y sarcasmo por parte del espectador. A las barbaridades contenidas en una realización edulcorada hasta el empalago —y disfrazada de calidad con saltos de tiempo y comentarios en off al servicio de cada uno de los personajes con absoluta arbitrariedad—, se unen temas médicos, familiares, morales y jurídicos (no nos libramos de las secuencias de tribunales con abogado brillante acompañado por su perro y jueza traumatizada por la muerte de su hijita) como para tomar las de Villadiego. Un auténtico tormento para todo tipo de sensibilidades.
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