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| Una imagen de LA MIRADA DE OUKA LEELE. |
| (3) LA MIRADA DE OUKA LEELE, de Rafael Gordon |
| Instantes y colores de la vida |
O cómo un documental de arte, como ya demostraron Resnais y Franju y tantos otros, puede convertirse en un libro abierto sobre la naturaleza humana y la naturaleza de la creatividad antes que perder el tiempo en el anecdotismo biografista o en la mera evocación. El film de Gordon es un ejemplo de cine vivo no sólo porque se aproxima y nos acerca a los procesos de creación de Ouka Leele —y de cualquier artista con espíritu y sinceridad galopantes—, desde ese ejemplo paradigmático que es el mural de la pequeña población murciana, sino porque, sobre todo, nos abre los ojos a un sinfín de miradas y reflexiones, generacionales unas, cívicas todas, en torno a los deseos y logros del entendimiento y la razón. No es de extrañar que el film proceda de un encuentro fechado en 1987 ni que su realización y producción, en el sentido más amplio y generoso del término, hayan ocupado varios años: el resultado, lo que se encuentra el espectador atento, es una suma de experiencias, quehaceres e interrogantes, con un lenguaje tan artesanal, tan directo (la fotografía del desaparecido Julio Madurga, a quien está dedicado el film) como lo son los trabajos de la protagonista, quien desnuda sus temores, sus recuerdos de infancia, sus procedimientos, sus tentativas, sus aventuras plásticas, fílmicas —la película rodada con material super-8 de las cámaras de seguridad de los bancos a finales de los años setenta— y, por llamarlo de alguna manera, promocionales, como es el caso de las fotos-peluquería o su aparición con un lechón (un cerdito de carnicería) como tocado. LLORÉNS |