Una sorprendente fábula, destacada a su paso por festivales como Rotterdam, Sundance, Huelva (mejor película, mejor actriz, mejor director), Lleida, etc., que ejemplifica las virtudes de un cine moderno, espontáneo en muchos aspectos, capaz de sugerir mucho más de lo que muestra y de proponer una complejidad que respira herencias de los grandes maestros. La nana es, fundamentalmente, el retrato de Raquel, una mujer de cuarenta años que ha dedicado toda su vida al servicio de una convencional familia —matrimonio y cuatro hijos— de clase acomodada. Una mujer cuyas frustraciones, obsesiones, posicionamientos en el contexto familiar y laboral y respuestas sexuales van flotando y evolucionando a lo largo de un relato donde no hay, aparentemente, una supeditación dramático-narrativa, sino más bien una suma de acontecimientos cotidianos.
Así, cada una de las relaciones que establece el personaje –con sus patronos, con los niños, con las otras empleadas, con el tío de una de ellas, con los espacios de la casa, con los objetos, ¡con el gato!—- aparecen continuamente dotados de enorme ambigüedad y riqueza de matices, porque ella es al mismo tiempo ama y sierva, pieza imprescindible del engranaje y mera comparsa, miembro de la célula familiar y simple observadora, algo que atraviesa todos y cada uno de los pequeños detalles y matices de su comportamiento: el desapego con respecto a la hija mayor, las masturbaciones del adolescente, el afecto por los pequeños de la casa, la exageración en la limpieza y desinfección, o en el orden jerárquico, los celos y desconfianzas hacia las nuevas contratadas, los temores sexuales o los problemas de salud, sin olvidar esas sombrías conversaciones con su propia madre, a quien adivinamos, con el resto de su otra familia, en algún remoto pueblo.
El film, como su protagonista, es luminoso y tétrico —patético— a la vez, porque es así la realidad reflejada y porque ello refuerza la condición de fábula sobre la sociedad y los seres humanos, lo perenne y rutinario de unos modelos sociales tan reconocibles como universales y periclitados. Una excelente propuesta, abierta de principio a fin, dirigida a la inteligencia y disfrute de cualquier espectador atento y dispuesto a ir observando y reflexionando a cada paso, mirada o gesto de Raquel, minuciosamente diseccionada en este entomológico relato.
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