El prestigioso guionista Aaron Sorkin (Algunos hombres buenos, La guerra de Charlie Wilson y, sobre todo, escritor de 87 capítulos de la prestigiosa serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca) comenzó a recopilar datos sobre la red social Facebook en el año 2008 cuando su nombre solamente le sonaba vagamente. Había recibido el encargo de escribir un guión que investigase los primeros pasos de este fenómeno que con el tiempo se ha convertido en el mayor instrumento socializador de la Historia, con mayúsculas. Ese mismo año se abrió una página y comenzó a experimentar a través de la misma. Paralelamente, Ben Mezrich escribía el libro Multimillonarios por accidente, centrado en los mismos hechos. Sorkin intentó entrevistarse con su creador, Mark Zuckerberg, actualmente el millonario más joven de la Humanidad, y con los que intervinieron con él desde los comienzos. Todos se negaron a colaborar. En ese mismo periodo, años 2008 y 2009, se celebraron juicios por demandas contra Mark Zuckerberg de los que habían sido sus grandes amigos. Después de entrar en contacto con personas próximas y recopilar datos, consiguió culminar el guión de La red social, que pasó por los bufetes de abogados para evitar querellas de los auténticos protagonistas. De su realización se ha encargado el industrialmente sólido David Fincher (Seven, El club de la lucha, Zodiac, El curioso caso de Benjamín Button, mientras prepara la primera entrega de la versión norteamericana de Millenium).
El film intenta indagar, sobre todo, en las relaciones entre un grupo de amigos que de una forma un tanto ingenua, inconsciente, están dando forma a un instrumento que inaugurará una nueva era en las relaciones sociales, aunque con muchos aspectos discutibles y polémicos. La primera secuencia del film, muy atractiva, rodada con la clásica fórmula de plano-contraplano, chispeantes y cortos diálogos (una de las especialidades del guionista Aaron Sorkin, más propio de series televisivas con mucho ritmo), ya sienta las bases de la psicología del personaje principal, Mark Zuckerberg (bien encarnado por Jesse Eisenberg, proveniente de comedias tontas), un friki de 20 años enganchado a internet, con problemas para las relaciones sociales (su novia lo manda a paseo, “no por ser gilipollas, sino por parecer un gilipollas”), capaz de sublimar sus frustraciones encerrándose en su habitación y pasar horas y horas ante el ordenador experimentando nuevas posibilidades en la red, de donde surge el embrión del Facebook a partir casi de una broma con las fichas de los estudiantes de Harvard, en un acto gamberro dirigido “a ligar más”.
Aaron Sorkin y David Fincher han evitado caer en un relato de buenos y malos. Se dedican a introducir mucha información, las distintas versiones de los protagonistas, cuyas relaciones se van deteriorando hasta acabar en los tribunales. Pero por el camino introducen interesantes reflexiones relacionadas con la amistad y la traición, la lealtad y la envidia, el capitalismo siempre atento a rentabilizar nuevas tecnologías (cuando viajan a Nueva York a buscar inversores, en un cameo les recibe Aaron Sorkin que tras escucharles les pregunta: “¿De qué va todo esto?”), el complejo tema de la propiedad intelectual… También se apunta levemente uno de los temas que mayores polémicas está provocando actualmente la extensión de Facebook, como es la protección de la privacidad del usuario: el mismo Mark Zuckerberg lo sufre personalmente, pero no incide sobre este asunto, al estar más interesado David Fincher en mostrar la tragedia de unos amigos que acaban en los tribunales: Eduardo Severin fue indemnizado con 65 millones de dólares por expolio intelectual, Sean Parker, cofundador de la obsoleta Napster, fue expulsado por posesión de estupefacientes… Por ello el film resulta curioso aunque no responde a grandes preguntas.
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