Un puñado de excelentes actrices, encabezadas por la siempre estupenda Robin Wright, se aplica con intensidad a este relato de mujer firmado por Rebecca Miller, hija del dramaturgo Arthur Miller, que acaba agitando demasiados temas en la coctelera y que no termina de concretar con firmeza ninguno de ellos, incluso en ocasiones consigue que unos actúen en detrimento de otros.
El largo repaso a la vida de la protagonista, interpretada por dos actrices que parecen dar vida a personajes distintos —por más que se pretenda justificar este cambio con la truculenta escena final del personaje de Monica Bellucci—, va recorriendo diversas fases de conflictos, inseguridades y rebeldías, que desembocan en su estado más interesante —dramáticamente hablando, claro está—, el de mujer invisible a la sombra de un “gran hombre”, una situación que nos proporciona las mejores escenas y apuntes del film, aunque la cineasta parezca empeñada en colocarla en un segundo plano, incluso en desdibujarla con problemas añadidos como el sonambulismo que padece el personaje, que no sabemos a qué viene, ni para qué sirve... dramáticamente hablando, por supuesto.
PEDRO URIS |