Alberto Ammann en una escena de LOPE
(2) LOPE, de Andrucha Waddington
Entre dos mujeres

Para contar una trama clásica, y por momentos bastante tópica, de hombre entre dos mujeres, una que simboliza la pasión y el provecho propio, y la otra el amor desinteresado y por tanto verdadero, no hacía falta servirse de un personaje como Lope de Vega, ni viajar al siglo XVI español, se escenificaba en el mundo contemporáneo con personajes de ficción y punto. Lo que esperamos de una producción de este tipo no es que nos hable de lo que ya sabemos, porque lo hemos visto mil veces en la pantalla, sino que nos sorprenda con lo que constituye su novedad, su singularidad, la época y el personaje, en este caso lo suficientemente atractivos por sí mismos como para no perder el tiempo en manidas escenas de sexo y requiebros amorosos.
La película, correcta en cualquier caso y con un buen trabajo de los actores, especialmente en su apartado masculino (con mención especial para Juan Diego, en este momento “el más grande”), sube enteros cuando nos habla del mundo de la escena en la época y del papel renovador que desempeñó Lope de Vega en su momento, con personajes y situaciones particularmente reveladores, apasionantes incluso. Desgraciadamente, el punto de mira lo tiene puesto en otro norte, en el triángulo que vive el protagonista, que puede que le depare satisfacciones en la taquilla, yo sinceramente se las deseo, pero que a mí me resulta particularmente frustrante, y no sólo porque no me dice gran cosa, sino porque cada vez que aparece, interrumpe o cancela los interesantes caminos que, por momentos, parece emprender la película.

PEDRO URIS