(1) LOS NIÑOS DE TIMPELBACH, de Nicolas Bary
Reivindicación de la autoridad paterna

Una comedia francesa para niños, adaptación fílmica de la novela de Henry Winterfield —uno de sus guionistas— que evoca en su planteamiento argumental tanto a “El flautista de Hamelin” como a “El señor de las moscas”. Pero si el cuento era una parábola coherente sobre la ética en las relaciones humanas y la novela una sólida metáfora de carácter socio-político, Los niños de Timpelbach es un relato cuya única propuesta ideológica es la necesidad de la disciplina infantil y de la autoridad familiar.
Los padres castigan aquí a sus hijos revoltosos dejándolos solos en la aldea —con buenos decorados, muy imaginativos— evidenciándose entonces la imposibilidad de su organización colectiva, la peligrosidad de sus juegos y la aparición de rivalidades y luchas entre ellos. El regreso de los progenitores significará el triunfo de la paz, el orden y la felicidad. ¡Qué lejos queda aquel osado manifiesto anarquista de Jean Vigo que fue Cero en conducta (1933)!
Bastante convencional y conservador, con discretas dosis de fantasía, el film cuenta con breves intervenciones de Gérard Depardieu y Carole Bouquet.

VANACLOCHA