Una comedia francesa para niños, adaptación fílmica de la novela de Henry Winterfield —uno de sus guionistas— que evoca en su planteamiento argumental tanto a “El flautista de Hamelin” como a “El señor de las moscas”. Pero si el cuento era una parábola coherente sobre la ética en las relaciones humanas y la novela una sólida metáfora de carácter socio-político, Los niños de Timpelbach es un relato cuya única propuesta ideológica es la necesidad de la disciplina infantil y de la autoridad familiar.
Los padres castigan aquí a sus hijos revoltosos dejándolos solos en la aldea —con buenos decorados, muy imaginativos— evidenciándose entonces la imposibilidad de su organización colectiva, la peligrosidad de sus juegos y la aparición de rivalidades y luchas entre ellos. El regreso de los progenitores significará el triunfo de la paz, el orden y la felicidad. ¡Qué lejos queda aquel osado manifiesto anarquista de Jean Vigo que fue Cero en conducta (1933)!
Bastante convencional y conservador, con discretas dosis de fantasía, el film cuenta con breves intervenciones de Gérard Depardieu y Carole Bouquet.
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