Belén Rueda en una escena de LOS OJOS DE JULIA
(1) LOS OJOS DE JULIA, de Guillem Morales
Giallo nacional

Decepcionante producción española situada dentro del thriller terror y ampliamente publicitada en su lanzamiento, que termina reeditando los modos y maneras del giallo italiano, subgénero cultivado en los 60/70 por cineastas como Mario Bava o Dario Argento, en una interminable parte final de mujer indefensa a merced de un psicópata, que acumula todas las simplezas y convenciones del modelo.
Antes, y a pesar del buen trabajo de Belén Rueda, siempre con ese porte de estrella de otro tiempo, la cosa tampoco anda muy sobrada en lo que se refiere a imaginación y recursos, con diversos momentos muy débiles de construcción (en la primera media hora, la película se quita de en medio, hasta tres veces, al personaje de Lluis Homar con excusas demasiado visibles para dejar sola a la protagonista; la escena de Julia con su médico tras la operación, en la que se justifica su posterior estancia, sola, en la casa de su hermana, apenas tiene fundamento; y ya puestos, también se podría haber evitado la fugaz aparición del auténtico Oscar y en consecuencia la “obligación”, buscada, de ocultar más tarde el rostro del cuidador, algo que no conduce a ninguna parte); prestando, además, escasa o nula atención a las resonancias literarias o morales de la ceguera, la oscuridad, o el no ver (el discurso sobre la visibilidad que esgrime finalmente el asesino, uno de los escasos destellos de interés que muestra la película, se queda en eso, en un destello aislado y mal ensamblado con el resto); y en general apostando por el tópico, la convención y las concesiones a la taquilla (no falta el personaje majadero que sabe más de lo que parece y que desde el principio lleva su triste destino escrito en la frente, aquí a cargo de Joan Dalmau), en detrimento de cualquier tentación de complejidad, lectura poética, o alcance individual o moral. Les deseo la mejor suerte en taquilla, sinceramente, pero conmigo que no cuenten.

PEDRO URIS