Una escena de MADRE AMADÍSIMA.
(2) MADRE AMADÍSIMA, de Pilar Távora
Autorretrato

Si bien podríamos rescatar aquello de que el film interesa más por sus intenciones que por sus resultados, no es menos cierto que la película de Pilar Távora nos permite encontrarnos con un modelo de homosexual masculino (el calificado o catalogado como “mariquita”), nacido en Andalucía a principios de los años cincuenta y, por lo tanto, sometido a la anormalidad, represión y desprecio de la España franquista. Estructurado ente la aproximación documental (Ramón Rivero interpreta a Alfredito, pero sus confesiones y diálogos con la imagen de la Virgen y sus reflexiones y recuerdos en voz alta poseen carácter de testimonio verídico y, en ocasiones, de docudrama) y la reconstrucción en clave de ficción —más esquemática y superficial, sobre todo desde el punto de vista de la realización—, Madre amadísima consigue dibujar una sugestiva propuesta en torno a ese colectivo doblemente castigado por la moral y las leyes franquistas.
La principal ventaja del film es que los testimonios en primera persona poseen la gracia y el dramatismo de un sincero autoanálisis, con estupendas alusiones a la religión (la imagen de la Virgen, el Papa), y a los deseos frustrados, como la historia del primer amor y la laguna desaparecida o los viajes soñados, mientras las evocaciones en ficción (la infancia, adolescencia, el servicio militar —con un magnífico Sebastián Haro como capitán instructor—-, la muerte de Franco, los reencuentros, el personaje de La Girasol, el partido comunista de la transición, etc.) nos ilustran sobre unos tiempos y unas sensaciones enormemente significativas. Un film sin duda insuficiente, irregular, superficial, pero tremendamente simpático, triste y divertido a partes iguales, capaz de poner sobre la mesa un puñado de urgentes consideraciones.

LLORÉNS