El film Madres & hijas responde a una categoría de películas que se podría denominar “cine-fórmula”, confluencia de dos cineastas. Por un lado está el estilo de Rodrigo García (es casi necesario volver a recordar de que se trata del hijo de Gabriel García Márquez) de abordar varias historias centradas, sobre todo, en personajes femeninos, algo que hemos podido comprobar en Cosas que diría con solo mirarla (2000) y Nueve vidas (2005). Y por otra, el relato coral tan querido por Alejandro González Iñárritu, productor del film a través de su empresa Cha, cha, cha, aunque su inspirador fuese el guionista Guillermo Arriaga, autor de 21 gramos y Babel, ambas dirigidas por Iñárritu, aunque posteriormente ambos han seguido caminos diferentes.
Ahora Rodrigo García se centra en las historias particulares de tres mujeres marcadas por el tema de la maternidad, insistiendo sobre temas como la ausencia y la pérdida. Podrían haber sido tres relatos narrados por separado, pero de una manera un tanto forzada, en el tramo final se buscan los puntos de encuentro entre unos personajes que en principio no parecía que tuviesen nada que ver entre sí. El puzzle se completa de forma apresurada y algo inverosímil. Las tres mujeres, protagonistas de unas historias muy diferentes, tienen en común conflictos relacionados con la maternidad. El director se centra en ellas, a las que presenta como difíciles y conflictivas, en comparación con unos varones más elementales que solamente hacen de contrapunto. Es el personaje interpretado por una magnífica Naomi Watts (comenzó a rodar cinco semanas después de ser mamá por segunda vez: los planos de ella embarazada son auténticos y se rodaron semanas antes de la filmación) el más interesante de los tres, al encarnar a una prestigiosa abogada que tras su aspecto exterior de triunfadora nata, esconde un pasado muy complejo (escena en la que practica con Samuel J. Jackson una categoría de “sexo frío”: hay que ver la facilidad con la que se nos presenta el coito en casi todas las películas, con una certera puntería), aunque no resulta muy verosímil que su ginecólogo acceda a su negativa a practicarle una cesárea, poniendo en peligro su vida. También es interesante el personaje de mujer madura que interpreta Annette Benning y su distante relación con los hombres, tras varios desengaños amorosos. Más floja resulta Kerry Washington en su obsesión por conseguir un hijo en adopción.
Inferior a sus anteriores películas, Madres & hijas está realizada con elegancia, suavidad y un estilo frío. Se deja ver por los excelentes intérpretes, aunque en ocasiones parece que estemos asistiendo a varios capítulos entrelazados de una serie televisiva.
RODRIGO GARCÍA: Críticas de COSAS QUE DIRÍA CON SÓLO MIRARLA (2.000, 2.107, 2.130, 2.160, 2.232, 2.269, 2.276), NUEVE VIDAS (2.226, 2.346, 2.349) y PASSENGERS (2.331).
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