Deberíamos agradecer que más allá de los desechos de quirófano que inundan los sótanos de los psicópatas y sádicos carniceros en general, campamentos de zombies y alienígenas, que decoran las pantallas de los cines con las mil y una maneras de despedazar un ser humano, quede algo de dignidad. Tras seis años trabajando para la televisión por cable, Joe Dante rodó esta película de terror juvenil, premiada en el Festival de Venecia como la mejor producción en 3D, a la que ha sabido imprimir su personal impronta estilística, tan reconocible ahora como en sus obras emblemáticas del período Amblin: Aullidos (1981), Gremlins (1984) o el episodio de En los límites de la realidad (1983), aunque ahora se contemple casi como vintage.
Sin petulancias de originalidad argumental, Dante, fiel a sí mismo, explora los perfiles del terror psicológico en un trío de adolescentes, consiguiendo la imprescindible empatía que nos haga interesarnos por sus miedos, provocados por hechos reales, comprensibles e identificables, aunque partan de un misterioso pozo sin fondo en el sótano de una casa nueva. Con las dotes de un exorcista provisto de un buen cargamento de ironía, Joe Dante lleva a cabo en su film un ejercicio de introspección en sus protagonistas, alejándose de la grandilocuencia o la superioridad del demiurgo, gracias, entre otros factores, a la sencillez y elegancia de su pulso personal. El director recurre una vez más con éxito a la resolución dramática que conjuga la estética propia de la narrativa de Chuck Jones o la imponente desvalidez de James Whale, como soluciones estilísticas libérrimas que rompen esquemas.
El aroma ochentero de Miedos, el infalible (aunque lamentablemente brevísimo) cameo de Dick Miller, el argumento y la inquietante afabilidad del conjunto, marca de la casa, podrían retrotraernos a la época del VHS, si no fuera por el oportuno empleo del 3D en una película que no sorprende, que quizá sepa a poco a los consumidores de casquería, pero que recupera un honesto modo de asustar poco usual ya en este siglo.
EVA PEYDRÓ |