(0) NICO, EL RENO QUE QUERÍA VOLAR, de Michael Hegner y Kari Juusonen
Animalitos rancios

Frente a la exagerada sobrevaloración de recientes ejemplos de cine de animación, esta coproducción europea, resuelta sin graves reparos en sus aspectos financieros y técnicos, aparece como una perfecta cura de moderación, puesto que supone un reto para espectadores de todas las edades soportar todas y cada una de las majaderías que contiene su trama, sean físicas, morales —el afán del jovencito Reno por emular a su mítico papá “piloto”— o, sobre todo, narrativas. Un grosero maniqueísmo, con renos angelicales enfrentados a lobos malvados (en realidad, hambrientos), sirve para encadenar persecuciones idiotas sin ton ni son. Un suplicio de cabo a rabo que debería servir, como decía antes, para comenzar a desmitificar un poco los supuestos méritos de muchos largometrajes de animación.

LLORÉNS