Este film de Shawn Levy, director de Noche en el museo, ha reunido por primera vez a dos actores inteligentes y creativos, con vis cómica: Tina Fey, productora, guionista e intérprete de la serie televisiva Rockfeller Plaza y fantástica imitadora de la lamentable republicana Sarah Palin en el programa Saturday Night Live, y Steve Carell, muy popular en la serie The Oficce y su posterior adaptación cinematográfica, además de su participación en films como Virgen a los 40, Pequeña Miss Sunshine, Sigo como Dios o Superagente 86 de película. Ha sido una buena opción juntarlos, porque funciona la química entre ellos, algo nada fácil, como históricamente sucedió con otras parejas como Katharine Hepburn con Cary Grant o Spencer Tracy.
La tesis de Noche loca es que se puede romper con la rutina de la pareja cuarentona (ritual nocturno de tirita en la nariz para respirar mejor y colocación de una prótesis bucal para evitar la tensión dental mientras se duerme) cuando en tu vida irrumpen inesperados acontecimientos, en este caso al límite, que te obligan a agudizar el ingenio y salir indemne de complejas situaciones, todo por culpa de un error derivado de ocupar una mesa reservada a nombre de otra pareja en el restaurante más cool de Manhattan (estupendo el retrato de la pijería reinante y el regreso de los protagonistas debidamente “transformados” para la ocasión), confusión que les conduce a vivir una noche “inolvidable” (al estilo de Griffin Dunne en Jo, qué noche, 1985, de Martin Scorsese) que transformará su posición ante la existencia. El film es deudor de esa moda actual de imprimir un ritmo desaforado, de no dejar espacio al reposo. Por ello se recurre en ocasiones a la astracanada y se echa de menos la elegancia de directores contemporáneos de comedia, ya retirados, como Blake Edwards (recordemos la delirante Cita a ciegas, 1987, con la pareja formada por Bruce Willis y Kim Basinger). Pero ante tanto despropósito no hay duda de que varias escenas funcionan (el impagable strip-tease ante el corrupto fiscal del distritito, las divertidas apariciones del actor Mark Wahlberg con sus trabajados bíceps y tríceps, u otros intérpretes como James Franco, Ray Liotta o Mark Ruffalo) y que se pasa una divertida hora y media, nada desdeñable en estos tiempos que corren.
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